LA CRISIS DE HAMBRE EN LA FRANJA DE GAZA AUMENTA DE FORMA ALARMANTE
Los más de dos millones de habitantes de la Franja de Gaza de se enfrentan a una escasez prolongada de alimentos: casi medio millón de personas se encuentran en una situación catastrófica de hambre, malnutrición aguda, inanición, enfermedad y muerte.
Se trata de una de las peores crisis de hambre del mundo, que se desencadena mientras se escriben estas líneas de la trágica situación.
El último análisis de seguridad alimentaria ha sido publicado por la alianza Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases (CIF), de la que es miembro la OMS.

«No necesitamos esperar a que se declare una hambruna en Gaza para saber que la gente ya está pasando mucha hambre, enfermando y muriendo mientras que a tan solo unos minutos de distancia, al otro lado de la frontera, aguardan alimentos y medicamentos», declaró el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS. «En el informe de hoy se muestra que, sin acceso inmediato a alimentos y suministros esenciales, la situación seguirá deteriorándose, lo que conducirá a una hambruna y a un incremento en el número de muertes».
Aún no se ha declarado la hambruna, pero ya hay gente pasando mucha hambre. Tres cuartas partes de la población de Gaza se encuentran en las fases de «emergencia» o de «catástrofe» de privación de alimentos, los dos peores niveles de la escala de cinco de inseguridad alimentaria y desnutrición de la CIF.
Desde que comenzó el bloqueo a la ayuda el 2 de marzo de 2025, el Ministerio de Salud ha registrado la muerte de 57 niños por malnutrición, si bien es probable que esta cifra esté subestimada y que se incremente en el futuro. Si la situación no mejora, se prevé que casi 71 000 niños menores de 5 años sufrirán malnutrición aguda en los próximos 11 meses, según el informe de la CIF.

Los gazatíes están atrapados en un peligroso bucle en el que la malnutrición y las enfermedades se retroalimentan, y en el que enfermedades cotidianas se convierten en una posible sentencia de muerte, especialmente para los niños. La desnutrición debilita el cuerpo, lo que dificulta la curación de lesiones y la lucha contra las enfermedades transmisibles comunes, como las enfermedades diarreicas, la neumonía y el sarampión.
A su vez, estas infecciones aumentan las necesidades de nutrición del organismo y reducen su capacidad de ingesta y absorción de nutrientes, lo que agrava la malnutrición. Sin acceso a atención médica y con la caída en la cobertura de vacunación, las graves limitaciones de acceso a los servicios de agua limpia y saneamiento y la preocupación cada vez mayor por los niveles de protección a la infancia aumenta el riesgo de que se produzcan enfermedades graves y muertes, especialmente entre los niños que sufren malnutrición aguda grave, quienes necesitan tratamiento urgente para sobrevivir.
Las madres embarazadas y en periodo de lactancia también corren un alto riesgo de malnutrición, y se calcula que casi 17 000 necesitarán tratamiento por malnutrición aguda en los próximos 11 meses si no mejora la gravísima situación actual. Las madres malnutridas no producen suficiente leche nutritiva, lo que pone en peligro a sus bebés.
Además, los servicios de asesoramiento que se les prestan están muy limitados. Para los lactantes menores de 6 meses, la leche materna es la mejor protección contra el hambre y las enfermedades, sobre todo en aquellos lugares donde escasea el agua limpia.



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