Paz con la Creación: Un llamado de Dios a la humanidad
Cada año, del 1 de septiembre al 4 de octubre, millones de cristianos alrededor del mundo
se unen en oración, reflexión y acción concreta durante el Tiempo de la Creación, una
temporada ecuménica en la que recordamos que la Tierra no es solo nuestro hogar, sino
también un don de Dios, fruto de su amor creador. En este periodo especial, que abarca
desde el Día Mundial de Oración por la Creación hasta la festividad de San Francisco de
Asís, se nos invita a reconocer que somos parte de todo lo creado y que nuestra fe nos
compromete a proteger la vida en todas sus formas.
Este 2025, el tema elegido para guiar la celebración es “Paz con la Creación”, un lema
profundo que nos invita a reflexionar sobre la urgencia de reconciliarnos con Dios, con
nuestro prójimo y con la naturaleza. En un mundo marcado por la violencia, la explotación
desmedida y las consecuencias del cambio climático, hablar de paz no es solo un deseo
espiritual, sino un compromiso práctico y urgente.

La Iglesia Episcopal Anglicana de El Salvador (IAES) se suma con alegría a este llamado
mundial, reconociendo que nuestra misión no está desligada del cuidado de la Tierra. El
Evangelio nos recuerda que seguir a Cristo también implica escuchar el clamor de la
creación y trabajar por un futuro donde todos los seres vivos puedan florecer. Por eso,
durante este mes, distintas congregaciones y misiones de la IAES desarrollan actividades
que promueven la paz, la sostenibilidad y la vida comunitaria en armonía con la creación.
La Creación como don divino y acto continuo
La Biblia nos recuerda en Nehemías 9:6: “Tú eres el Señor, y nadie más. Tú hiciste el cielo
y lo más alto del cielo, y todas sus estrellas; tú hiciste la tierra y todo lo que hay en ella, los
mares y todo lo que contienen. Tú das vida a todas las cosas”. Esta afirmación nos coloca
frente a una verdad esencial: la creación no es una obra terminada del pasado, sino un acto
continuo de amor de Dios. Cada día, el Señor sostiene la vida, y cada amanecer es una
oportunidad para reconocer su bondad.
Como cristianos, esto nos interpela de manera especial. No somos dueños de la Tierra,
somos administradores y colaboradores del Creador. Por eso, la paz con la creación no se
limita a no destruirla, sino que implica activamente cuidarla, restaurarla y convivir con ella
desde la justicia y el amor.
Un símbolo que inspira: El Jardín de la Paz
Cada Tiempo de la Creación cuenta con un símbolo que ayuda a encarnar el tema del año.
En 2025, el símbolo elegido es el “Jardín de la Paz”. Este signo nos invita a imaginar y a
construir espacios concretos de reconciliación y esperanza. Un jardín no se da por sí solo;
requiere cuidado, dedicación, paciencia y amor. Lo mismo ocurre con la paz: no surge de
manera automática, sino que es fruto del esfuerzo humano unido a la gracia de Dios.
En este contexto, la Iglesia San Juan Evangelista, perteneciente a la IAES, realizó una
hermosa iniciativa. Durante la Santa Eucaristía, se bendijeron plantas que los feligreses
cuidarán con esmero en sus hogares durante este mes. Al finalizar la temporada, regresarán
con ellas a la congregación para sembrarlas en el proyecto “Jardín de la Paz”, un espacio
comunitario que recordará de manera viva que la fe no solo se celebra con palabras, sino
con gestos concretos que transforman nuestro entorno.
Este acto sencillo pero profundo simboliza el compromiso de la comunidad: cuidar lo
pequeño para que florezca lo grande, ser guardianes de la vida en lugar de depredadores.
Así como cada semilla sembrada en la tierra es promesa de futuro, cada gesto de cuidado
hacia la creación es una semilla de paz que germinará en las próximas generaciones.
Dignidad, justicia y sostenibilidad.
El Tiempo de la Creación no se trata únicamente de reflexionar, sino también de actuar. Y
eso lo entiende muy bien la seminarista Alba Berganza, quien desde el Programa Dignidad
y Justicia de la IAES ha facilitado talleres que buscan fortalecer la vida comunitaria con un
enfoque sostenible.
Uno de esos espacios fue en la Iglesia San Lucas, en coordinación con el ministro laico
Roberto Guerra. Allí, se desarrolló un taller sobre la fabricación de fertilizante y
concentrado orgánicos para aves de corral. Esta capacitación no solo ayuda a las familias a
tener herramientas más amigables con el medio ambiente, sino que también fortalece la
economía local y refuerza la solidaridad comunitaria.
Este tipo de acciones son ejemplos claros de lo que significa hacer la paz con la creación:
vivir de manera que nuestras prácticas cotidianas reflejen justicia, respeto y cuidado hacia
la Tierra y hacia el prójimo. Alba recuerda que cada paso en favor de la sostenibilidad es
también un acto espiritual, porque honramos al Creador al cuidar de lo creado.
Sembrar hoy para cosechar mañana
No podemos hablar de paz con la creación sin reconocer el momento crítico que vivimos.
El cambio climático, la deforestación, la pérdida de biodiversidad y la contaminación están
dejando huellas profundas en la Tierra. Sin embargo, estas crisis ambientales también
revelan una crisis espiritual: hemos olvidado que somos criaturas, no dueños absolutos.
En lugar de cultivar la Tierra como un jardín, la hemos explotado como una mina. En vez
de cuidar el agua como fuente de vida, la hemos tratado como un recurso descartable. Y en
vez de convivir con las demás especies, hemos puesto nuestros intereses por encima de
todo.
El Tiempo de la Creación nos invita a detenernos, a reflexionar y a cambiar. La paz con la
creación comienza con pequeñas acciones personales, como reducir el consumo, reciclar,
sembrar un árbol, usar menos plásticos. Pero también exige acciones colectivas y
estructurales, donde las iglesias, gobiernos y comunidades trabajen juntos por un futuro
sostenible.
“Paz con la Creación” no es solo un lema para un mes del año o solo para que el resto de
las congregaciones y misiones de la IAES sigan haciendo actividades este mes. Es una
llamada de atención permanente para todos los cristianos. Es reconocer que nuestro futuro
depende de la manera en que tratemos hoy a la Tierra y a quienes la habitan.
El Jardín de la Paz que soñamos no se construye de un día para otro. Requiere compromiso,
fe y esfuerzo compartido. Cada planta sembrada, cada taller comunitario, cada oración
elevada en este Tiempo de la Creación es un recordatorio de que aún hay esperanza.
Como Iglesia, caminamos juntos en esta misión. Y como pueblo de Dios, afirmamos con
convicción: Jesús camina con su pueblo, y ese caminar nos lleva a reconciliarnos con la
creación. Allí está la verdadera paz, la que brota de un corazón humilde, agradecido y
comprometido con el amor de Cristo.
Por: Edrian Valle Linares



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