Señor de la calle
Poema.
Lo llaman vagabundo,
lo escupen con la mirada,
como si su miseria
fuera culpa suya
y no del mundo que fabrica hambre.
Señor de la calle,
expulsado de oficinas,
de fábricas cerradas,
de casas que ya no pudo pagar.
¿Dónde están los políticos
que prometen pan y trabajo?
¿Dónde la justicia
que presume igualdad?
Todos pasan de largo,
con corbata o con sotana,
y lo dejan hundirse
en un charco de indiferencia.
Él no eligió este reino de basura,
esta cama de cartón,
esta herencia de desprecio.
Fue el sistema quien lo coronó
con un destino roto.
Pero no muere,
grita en silencio:
“Yo existo,
soy humano,
aunque ustedes me nieguen.”
Señor de la calle,
rey maldito del fracaso ajeno,
tu dolor es el espejo
que nadie se atreve a mirar.



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