“EL GRITO QUE DETIENE A DIOS”
(Mc 10,46-52)
Queridas hermanas y hermanos:
Hoy el Evangelio nos presenta a Bartimeo, un hombre ciego sentado al borde del camino, mendigando. No tiene visión, no tiene prestigio, no tiene seguridades. Lo único que tiene es su grito. Y ese grito, pequeño y quebrado, será tan poderoso que detendrá el paso del Hijo de Dios.
- LA ORILLA DEL CAMINO: LUGARES DONDE EL SISTEMA NOS SIENTA.
Bartimeo está a la orilla del camino, no en el centro. Y así están muchos hoy:
los pobres que sobreviven como pueden, los descartados por un sistema que privilegia a unos pocos, las mujeres cuyo grito se intenta silenciar, los jóvenes sin oportunidades, los migrantes empujados a bordes sociales, las familias que luchan por dignidad.
El Evangelio nos muestra con claridad dónde se coloca Jesús: no con la multitud que sigue caminando indiferente, sino con el que ha sido dejado fuera.

- EL GRITO QUE INCOMODA A LOS DEVOTOS.
Cuando Bartimeo grita, la multitud —esa misma que camina con Jesús— lo quiere callar.
Hoy también hay gritos que molestan: el grito del pobre pidiendo justicia, el grito de la mujer pidiendo igualdad y dignidad, el grito del pueblo exigiendo que no lo roben, el grito de la tierra herida, el grito de la Iglesia pobre que quiere ser escuchada.
Pero Jesús no tolera que se silencie al pequeño.
El Reino no avanza con silencios impuestos, sino con voces liberadas.
- JESÚS SE DETIENE: DIOS NO PASA DE LARGO.
El Evangelio dice una frase impresionante:
“Jesús se detuvo.”
Dios se detiene frente al grito del sufriente. No sigue su camino triunfal si alguien queda abandonado en la cuneta.
Hermanos, hermanas: cuando nosotros nos detenemos a escuchar a quien grita desde el dolor, allí aparece Dios. Cuando nos organizamos para que nadie quede excluido, allí se encarna el Reino.
- “¿QUÉ QUIERES QUE HAGA POR TI?”: DIÁLOGO, NO PATERNALISMO.
Jesús no trata a Bartimeo como objeto de compasión. No le da una limosna. No habla por él. No decide por él.
Jesús pregunta:
“¿Qué quieres que haga por ti?”
Es la pregunta que dignifica.
Es la forma cristiana de construir comunidad: escuchar al otro, permitirle nombrar su herida, su esperanza y su sueño.
Hoy la Iglesia debe reaprender esta pregunta. Debemos mirar a nuestras comunidades, a nuestras mujeres, a nuestros jóvenes, a nuestros pobres, y decirles:
“¿Qué quieren que hagamos juntos? ¿Cómo quieren que caminemos?”
- TIRAR EL MANTO: DEJAR LO QUE NOS APEGA AL PASADO.
Antes de acercarse a Jesús, Bartimeo tira su manto.
Ese manto era su único bien: su abrigo, su protección, su espacio vital.
Soltar el manto es un acto de fe y de libertad.
Lo mismo nos pide hoy Jesús: soltar miedos,
• soltar lo que ya no da vida,
• soltar tradiciones que excluyen,
• soltar la idea de una Iglesia cerrada,
• soltar estructuras que no sirven para el Evangelio.
Quien suelta el manto, camina ligero hacia la vida.

- RECUPERAR LA VISTA: VER EL MUNDO CON LOS OJOS DE DIOS.
Bartimeo recupera la vista y ve.
Ve a Jesús.
Ve el camino.
Ve la realidad.
La fe verdadera nos hace ver: ver injusticias que antes normalizábamos,
ver a los pobres como sujetos del Reino,
ver a la mujer como igual y fundamental,
ver la comunidad como espacio de justicia y liberación,
ver la misión de la Iglesia en clave de servicio y no de poder.
7. Y SIGUIÓ A JESÚS POR EL CAMINO.
Bartimeo no se queda celebrando su milagro.
Se levanta y camina detrás de Jesús.
La fe no es un evento aislado:
es un camino, una decisión de vida.
Seguir a Jesús hoy es: optar por los pobres,
construir justicia social,
defender la dignidad humana,
luchar contra toda forma de corrupción y desigualdad,
ser una comunidad que escucha, acompaña y libera.
CONCLUSIÓN.
Hoy Bartimeo nos enseña que: el Evangelio comienza con un grito,
Dios se detiene ante quien sufre,
la Iglesia está llamada a escuchar,
la fe es un camino que se hace desde abajo,
los últimos son siempre los primeros en el Reino.
Que nosotros también tengamos el coraje de gritar, la humildad de pedir ayuda, la libertad de soltar lo que nos ata, y la fuerza para seguir a Jesús por el camino que conduce al pueblo y no al privilegio.
Amén.
PD. Douglas Calderón Morillas.
Chimbote, PERU.



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