SOMOS IGLESIA QUE LIBERA … SOMOS PUEBLO QUE CAMINA…
Somos Iglesia que libera
No somos piedra quieta,
ni altar cerrado,
ni palabra que se repite sin carne.
Somos pueblo que camina,
herida abierta que se vuelve esperanza,
pan partido en medio de la historia.
Seguimos a Jesús de Nazaret,
no al Cristo domesticado de los poderosos,
sino al que nació sin techo,
al que tocó al impuro,
al que levantó al caído
y denunció a los que oprimen en nombre de Dios.
Nuestra fe no se arrodilla ante el oro,
ni bendice la injusticia,
ni calla frente al hambre.
Porque el mayor pecado
es un niño sin pan,
una madre sin justicia,
un pueblo sin voz.
Y ahí,
justo ahí,
Dios toma partido.
Somos Iglesia cuando abrazamos al descartado,
cuando rompemos el silencio cómplice,
cuando la oración se vuelve acción
y la acción se vuelve profecía.
No creemos en una salvación que huye del mundo,
creemos en una salvación que lo transforma,
que lo sacude,
que lo levanta desde abajo.
Como susurra la memoria viva de Oscar Romero,
la fe se hace verdadera
cuando toca la carne del pobre
y se deja herir por su historia.
Somos Iglesia que libera
cuando dejamos de tener miedo,
cuando entendemos
que seguir a Cristo
es cargar con el conflicto de amar en serio.
Y entonces,
la cruz ya no es derrota,
es denuncia;
la resurrección ya no es consuelo vacío,
es anuncio de que la muerte
no tiene la última palabra.
Somos Iglesia que libera:
cuando el Evangelio deja de ser discurso
y se vuelve vida,
cuando el Reino deja de ser promesa
y empieza a brotar en nuestras manos.
Ahí,
en la calle,
en la lucha,
en el rostro del pobre,
Dios sigue encarnándose.
Escrito por: Pd. Douglas J. Calderón Morillas/ Perú



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