San Benito de Palermo y Ereguayquín se convierten en el epicentro de la memoria y la raíz afrosalvadoreña
Las calles de Ereguayquín, en la zona oriental de El Salvador, resonaron con una fuerza antigua y renovada el pasado viernes 15 de mayo. En un hecho sin precedentes, el culto a San Benito de Palermo —el santo negro— abandonó los confines tradicionales del atrio de la iglesia católica para volcarse por completo al corazón del municipio. Este festival no solo representó un acto de devoción popular, sino el inicio formal de una estrategia comunitaria e institucional para la salvaguardia definitiva de la danza, las letanías y las tradiciones que definen la raíz afrodescendiente en el oriente del país.
Durante décadas, la conmemoración de San Benito de Palermo estuvo asimilada estrictamente dentro de la agenda litúrgica de la Iglesia. Sin embargo, la riqueza de este culto va mucho más allá de las paredes del templo; se resguarda celosamente en la memoria colectiva, en las costumbres agrarias y en la resistencia cultural de sus feligreses. Este año, rompiendo con el centralismo eclesiástico, la festividad logró convocar y unificar a los “San Benitos” de los cantones más alejados y postergados de la zona, atrayendo a las comunidades rurales hacia un espacio público tomado por la ciudadanía para el autorreconocimiento.
De la academia a la identidad viva
Este despertar cultural no es fortuito. Encuentra sus cimientos científicos y sociales en las investigaciones de la antropóloga salvadoreña Marielba Herrera, quien ha dedicado años de estudio a desentrañar el sincretismo religioso y la presencia afrodescendiente en El Salvador. El trabajo de Herrera fue pionero al demostrar que las expresiones dancísticas y musicales en torno a San Benito en el departamento de Usulután no eran meras curiosidades folclóricas, sino profundas huellas de resistencia de las poblaciones africanas y afrodescendientes que poblaron la región desde la época colonial, mimetizadas bajo el manto de la fe católica.
Ereguayquín posee un lugar de honor en esta cronología de reivindicación. Fue precisamente en este municipio donde, entre los años 2010 y 2011, se gestó y ejecutó el Primer Festival de la Afrodescendencia en El Salvador. Aquel esfuerzo inicial, impulsado por el entonces Ministerio de Cultura, se enfocó en articular el trabajo de las Casas de la Cultura de la zona oriental. El festival de hace quince años tuvo como componente principal el rescate y la unión de todos los núcleos de culto a San Benito de Palermo dispersos en la región, sembrando la semilla organizativa que hoy, en 2026, da sus frutos más maduros.
“El culto a San Benito en Ereguayquín es el vivo ejemplo de cómo la memoria histórica sobrevive al olvido a través de la fe popular. No estamos ante una tradición estática, sino ante una herencia viva que las comunidades defienden como su principal rasgo de identidad”, apuntan expertos en patrimonio.
Una jornada de tambores, letanías y chanchona
La actividad del pasado viernes 15 de mayo se transformó en un despliegue de color, misticismo y participación ciudadana. El acto central consistió en un vibrante recorrido folclórico que atravesó las principales arterias de Ereguayquín. Las cofradías locales, acompañadas por las delegaciones de los cantones vecinos, desfilaron portando sus respectivas imágenes del santo negro, acompañados por el repique característico de los tambores ancestrales y la entonación de letanías que fusionan la devoción católica con la herencia rítmica afro.
El evento se extendió hasta altas horas de la noche, cerrando con un broche de oro festivo a ritmo de chanchona, la música tradicional por excelencia del oriente salvadoreño, evidenciando el tejido multicultural de la zona donde convergen lo afro, lo indígena y lo mestizo.
Este esfuerzo de revitalización cultural contó con un sólido respaldo institucional y comunitario, demostrando que la salvaguardia del patrimonio requiere de alianzas estratégicas multinivel. Entre los coorganizadores y apoyos clave destacaron:
- El Centro Cultural de España en El Salvador (CCESV): Aportando a la gestión y visibilización de la diversidad cultural.
- La Red de Estudios Afrocentroamericanos (REAC): Brindando el soporte académico y de contexto regional.
- El Concejo de Afrodescendientes de El Salvador (AFROES) y las Comunidades Indígenas de la zona: Garantizando la legitimidad, el protagonismo de las bases y el diálogo intercultural.
- El Ministerio de Cultura de El Salvador y las autoridades locales del Distrito de Ereguayquín: Facilitando la logística institucional y el reconocimiento estatal del espacio.
Rumbo a la declaratoria internacional: El camino de “Los Tabales”
Más allá de la efervescencia de la fiesta, el festival del viernes marcó el punto de partida para un objetivo mucho más ambicioso. La histórica organización local de “Los Tabales” —custodios directos de la danza y los tambores dedicados al santo— se encuentra afinando los motores para iniciar el proceso técnico y comunitario que busca postular esta manifestación cultural.
El objetivo es convertir el culto a San Benito de Palermo de Ereguayquín y su red de salvaguardia en candidato para la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI). Este proceso se realizará con el acompañamiento técnico del Centro Regional para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de América Latina (CRESPIAL) y en el marco de las políticas culturales del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA). Con este horizonte, Ereguayquín no solo celebra su pasado, sino que blinda su futuro. La conmemoración de este año deja claro que San Benito de Palermo ya no pertenece únicamente al nicho de un altar, sino a la identidad de un pueblo que camina con orgullo hacia el reconocimiento internacional. Seguido de San Rafael Oriente, Conchagua, San Alejo, entre otros, en el oriente de El Salvador, todos con historias y herencia afrosalvadoreña.



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