EL FANATISMO CAMPEA POR TODOS LADOS CUÁNDO LA RAZÓN SE ARRODILLA ANTE EL MIEDO…
El fanatismo campea por todos lados cuando la razón se arrodilla ante el miedo, el poder o la idolatría de las ideas.
No importa si es político, religioso, ideológico o cultural: el fanático deja de escuchar y empieza a condenar. Cree poseer toda la verdad y convierte al diferente en enemigo.
El fanatismo no dialoga; grita.
No construye; divide.
No libera; esclaviza.
Hasta la fe, cuando pierde humanidad, puede transformarse en instrumento de exclusión. Y también la política, cuando deja de servir al pueblo, termina adorando caudillos y destruyendo conciencias.
Frente al fanatismo, hace falta pensamiento crítico, memoria histórica y compasión.
Porque quien ama la verdad no teme las preguntas.
Y quien ama al pueblo no lo manipula con odio.
Como decía Óscar Romero:
“Una religión de misa dominical, pero sin compromiso con la justicia, no es el verdadero Evangelio.”
El desafío de este tiempo es mantener convicciones firmes sin perder la capacidad de escuchar al otro.
El fanatismo nace muchas veces de una herida colectiva:
pueblos cansados, personas vacías, sociedades rotas que buscan certezas absolutas para no enfrentar sus propios miedos. Entonces aparecen los “salvadores”, los discursos únicos, las banderas convertidas en dogmas.
Y allí comienza el peligro.
Porque el fanático ya no piensa: repite.
Ya no discierne: obedece.
Ya no mira personas: mira enemigos.
Escrito por : presbítero: Douglas Calderón Morillas / Iglesia Cristiana Apostólica Católica



No Comment! Be the first one.