El Salvador Conmemora el 47 Aniversario de la Muerte Martirial del Padre Alirio Napoleón Macías
4 de agosto de 1979 – 4 de agosto de 2026
Hace cuarenta y siete años, un cuatro de agosto de 1979, la tierra de San Esteban Catarina, en San Vicente, se tiñó de sangre y de profecía. Paramilitares asesinaron al Padre Alirio Napoleón Macías. No murió por casualidad. Murió por estar donde tenía que estar: con su pueblo.
El Padre Alirio no era un cura de escritorio. Era cura de milpa, de camino polvoso, de casa en casa. Caminó con campesinos, organizó comunidades, celebró la misa con olor a café y a tortilla. Anunció el Evangelio y denunció la injusticia. Por eso lo mataron.
Desde la teología de la liberación entendemos su muerte así: Dios no es neutral ante la pobreza. El Dios del Padre Alirio es el Dios que se pone del lado del crucificado de hoy. Y cuando la Iglesia se mete en la historia de los pobres, el poder responde con balas. Pero la bala no apaga la palabra. La siembra.
“Sangre de mártires, semilla de cristianos”
Esa frase antigua se hizo carne en El Salvador. La sangre del Padre Alirio no se derramó en vano. Germinó en comunidades eclesiales de base, en catequistas que siguen enseñando con el rosario en una mano y la azada en la otra, en jóvenes que decidieron no callar.
El Padre Alirio vivió lo que predicaba. Opción preferencial por los pobres. Fe que se hace pan compartido. Liturgia que baja del altar a la calle. Por eso su martirio no es una fecha para llorar y olvidar. Es una brújula.
Hoy, 47 años después, ¿de qué nos habla su sangre?
Nos habla cuando la pobreza sigue profundizándose y el salario no alcanza.
Nos habla cuando el desempleo expulsa a la juventud y el alto costo de la vida aprieta la garganta.
Nos habla cuando la salud y la educación siguen siendo un privilegio y no un derecho.
Nos habla cuando se violan Derechos Humanos y se le teme más a la denuncia que al crimen.
Nos habla cuando la tierra se destruye y los que menos tienen son los primeros en pagar la inundación.
El Padre Alirio nos enseñó que celebrar la Eucaristía sin justicia es un cuerpo partido a medias. Que no se puede cantar “Paz en la tierra” mientras hay miedo en los cantones. Que ser cristiano es meterse en el conflicto del pueblo, no para tomar armas, sino para tomar la cruz de la verdad.
San Esteban Catarina lo recuerda. San Vicente lo recuerda. El país lo recuerda, aunque muchos quieran borrarlo. Porque los mártires no se olvidan. Se imitan.
Monseñor Romero decía que el pueblo crucificado es el sacramento de Cristo hoy. El Padre Alirio fue parte de ese pueblo. Subió a su cruz el 4 de agosto de 1979 para decirnos que la fe sin compromiso es ideología, y que el compromiso sin fe se cansa.
En este 47 aniversario no venimos solo a poner flores. Venimos a asumir.
Asumir su entrega.
Asumir su opción por los pobres.
Asumir que la Iglesia debe seguir siendo voz de los que no tienen voz.
Que la sangre del Padre Alirio Napoleón Macías siga siendo semilla.
Semilla de comunidades que organizan, de jóvenes que no emigran por obligación, de maestros que educan con dignidad, de hospitales que curan, de tierra cuidada y de derechos respetados.
Hasta que el Evangelio no sea solo canto en la misa, sino pan en la mesa, techo seguro y libertad para todos, seguiremos caminando con él.
Porque los mártires no mueren.
Se multiplican en el pueblo.
Por Nancy Corpeño / para https://sentirconelpueblo.com



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