Señor Dios, Padre de la vida:
Hoy vengo ante Ti tal como soy.
No quiero esconderme detrás de palabras bonitas.
Quiero hablarte desde mi corazón.
Tú conoces mis alegrías y mis tristezas,
mis esperanzas y mis cansancios,
mis luchas, mis dudas y mis heridas.
Gracias porque puedo hablar contigo.
Gracias porque nunca tengo que fingir delante de Ti.
Puedo llorar contigo,
puedo preguntarte,
puedo reclamarte,
puedo agradecerte
y puedo guardar silencio en tu presencia.
Señor, enséñame también a escucharte.
Que mi oración no sea solamente hablar,
sino aprender a descubrir tu voz
en la Palabra, en las personas,
en los acontecimientos de la vida
y especialmente en quienes sufren.
Cuando tenga miedo, recuérdame: Tú estás conmigo.
Cuando esté cansado, sostén mis pasos.
Cuando pierda la esperanza, vuelve a encender mi corazón.
Cuando vea una injusticia,
no permitas que mi oración me haga indiferente,
sino que me impulse a comprometerme.
Haz de mi oración un encuentro contigo
y de ese encuentro una vida entregada a los demás.
Señor, aquí estoy.
Quiero hablar contigo, quiero escucharte
y quiero vivir aquello que Tú me inspires.
Amén.
Escrito por : presbítero Douglas Calderón Morillas



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