Padre Nuestro que estás en el bosque, en el mar, en el desierto y en la ciudad.
Santificada sea tu Creación,
pletórica de desarrollo, fuerza y vida.
Venga a nosotros tu sabiduría, para proteger y desarrollar la belleza que nos has dado, que está en la flor y en el arco iris, en el agua, y en la fértil madre tierra, en el cálido aliento del soly en la fresca oscuridad del descanso.
Hágase Señor tu voluntad,
para que seamos personas humanas a tu imagen y semejanza, los que asumamos el reto de mantener el proceso vital de tu creación.
Danos hoy el verdor de cada día, en el prado y en el monte, en el jardín y en la tierra que agoniza.
Perdona nuestra
irresponsabilidad,
al no cuidar lo que nos has dado.
Como nosotros por tu amor perdonamos a los contaminadores,
y les instamos con vehemencia a que abandonen su trabajo de destrucción.
Y no nos dejes caer en la desertificación, que a la muerte conduce, que niega tu obra y aniquila la vida.
Y líbranos del conformismo, para que se transformen nuestras vidas en fuerza dinámica, que reproduce la vida. Amén.
- Una oración enviada por un franciscano desde España, para los que, de alguna forma, debemos enseñar a cuidar esta tierra que Dios nos regaló.



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