LA TERQUEDAD SANTA DE MIGUEL TOMÁS
Hay seres humanos que pasan por la historia como sombras, y hay otros que se vuelven raíces. Miguel Tomás es de estos últimos. Es un santo terco y pastor. Un hombre hecho de buena tierra y de paciencia, es como el izote que crece en los caminos polvorientos, erguido, resistente al sol, al viento y a la indiferencia de los que pasan sin verlo.
Así es Miguel Tomás: firme donde otros se doblan, silencioso donde otros gritan, pero imposible de arrancar. Los poderes de turno han querido callarlo.
Han intentado apagar su voz como quien sopla una vela en la noche.
Lo han perseguido, lo han capturado, lo han torturado creyendo que la verdad puede encerrarse entre paredes o quebrarse con golpes. Pero hay convicciones que no se rinden. Le arrancaron una parte del alma cuando asesinaron a su hermano Gabriel. Quisieron desarraigar el corazón, como si el dolor pudiera vaciar la esperanza.
Sin embargo, donde otros hubieran sembrado odio, él sembró silencio, memoria y fidelidad. Miguel Tomás sigue mirando el horizonte.
Mientras la luz comienza a romper la noche, él contempla el día que nace como quien espera una promesa antigua. Porque en su pecho vive un sueño obstinado: un mundo fraterno y justo, donde nadie tenga que llorar por la violencia ni agachar la cabeza ante el poder.
Extrañamente, siempre tiene tiempo para escuchar a los que sufren, para caminar junto a los olvidados, para cargar las penas ajenas. Y sin darse cuenta, el tiempo para sí mismo se le escapa entre los dedos, porque su existencia ha elegido ser camino para otros.
Así camina Miguel Tomás por los senderos de la vida: con la terquedad santa de los que no renuncian, con la fe silenciosa de los que esperan, con la mirada fija en el horizonte. Y cada día, cuando la madrugada vuelve a encender el cielo, él levanta los ojos y aguarda.
Aguarda que el amanecer no cancele su cita. Aguarda que la luz llegue también para los que viven en la noche. Aguarda, terco y fiel, como el izote que florece contra toda sequía, como muchos seres humanos que han dado su vida, Miguel Tomás ha sido hecho para no rendirse.
Por: Tito Rodríguez Orozco


