Contra la minería y la dictadura
En el principal acto religioso de las fiestas patronales de San Salvador, Monseñor José Luis Escobar Alas hizo dos llamados pertinentes y urgentes a la Asamblea Legislativa controlada por el oficialismo: derogar la Ley General de Minería Metálica y reconsiderar las reformas constitucionales que permiten la reelección presidencial indefinida.
Durante la misa de la transfiguración del Divino Salvador del Mundo, el pasado 6 de agosto, el Arzobispo capitalino pidió que los diputados le devuelvan al país la ley que prohibía en forma definitiva la explotación minera y que las reformas constitucionales no se realicen de manera inconsulta, sin debate y de espaldas a la población.

La Ley General de Minería Metálica fue aprobada por los diputados de Nuevas Ideas y sus aliados el año pasado en vísperas de la navidad, en un clásico madrugón legislativo, al mejor estilo de los “mismos de siempre”: de manera exprés, sin presentar estudios técnicos y contra la voluntad de la mayoría de la población que rechaza la minería metálica.
La orden vino de Casa Presidencial tres semanas después de que Nayib Bukele presentara los proyectos mineros como la panacea para resolver los problemas económicos del país. Y así, de un plumazo, se revirtió la Ley de Prohibición de la Minería Metálica aprobada por unanimidad en marzo de 2017, como resultado de un amplio consenso nacional y doce años de lucha social en la que, incluso, hubo varios mártires ambientalistas.
La reforma constitucional que establece la reelección presidencial indefinida también fue aprobada sin ninguna consulta ciudadana, sin debate político-jurídico, sin seguir el procedimiento legal y con la falaz justificación de que “el pueblo la solicitó”. Los diputados dicen que “para eso fueron electos”, aun cuando en su campaña electoral nunca propusieron reformar la Carta Magna.
Las reformas constitucionales introducen cambios significativos al sistema político, por lo que sólo pueden ser aprobadas por asambleas constituyentes y con amplias consultas ciudadanas mediante plebiscito o referéndum.
En 1939, el general Maximiliano Hernández Martínez, el último gobernante autoritario que se reeligió ilegalmente antes de Bukele, quería promulgar una nueva constitución para mantenerse en el poder, para lo cual mandó a miembros de su partido Pro Patria (el NI de aquella época) a simular actos de consulta popular en algunos departamentos del país. Sin embargo, el bukelismo ni siquiera una pantomima de consulta ciudadana pudo hacer.
La reactivación de la minería es una amenaza mortal para el agua, el medioambiente, la salud y la vida de las presentes y futuras generaciones; debido al uso intensivo de agua, la contaminación con cianuro, el drenaje ácido, la destrucción de ecosistemas, los accidentes mineros y el peligroso manejo de los desechos mineros.
El desastre ambiental y social sería catastrófico debido a la estrechez territorial, la alta densidad poblacional, el deterioro ecológico, el creciente estrés hídrico y el hecho de que todos los proyectos mineros se ubican en la cuenca del Río Lempa.
Mientras que la reelección presidencial ilimitada constituye el acabose la democracia, la muerte de la república y el inicio de la dictadura abierta, sin máscaras y desalmada. Ése es el significado histórico del golpe final de la consolidación autoritaria, que inició con la toma oficialista del Poder Judicial en mayo de 2021 y siguió con la reelección inconstitucional de Bukele en febrero 2024, la toma de posesión ilegal en junio del mismo año y la imposición del actual gobierno de facto.
Por tanto, ambos llamados de Monseñor Escobar Alas son oportunos, indispensables e imprescindibles para salvar -por un lado- al agua, el medioambiente, la salud y la vida; y -por el otro- la democracia, la institucionalidad y la república.
Por tanto, es necesario que la feligresía católica, junto a la membresía de las iglesias evangélicas y las demás iglesias y la población en general, cierren filas con el Arzobispo de San Salvador y la Conferencia Episcopal. Si no lo hacemos, estaremos condenados a morir con la minería metálica y la dictadura. Todavía estamos a tiempo de encontrar caminos que conduzcan al “Reino de Dios”, que es el reino de la justicia, la igualdad y el imperio del bien común.
Por Leonel Herrera
*Periodista y activista ambiental.



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