El 3 de septiembre de 2021 vivió su Pascual el Padre Rutilio Sánchez… Padre Tilo lo llamaban.
Fue un cura que creyó en el sacerdocio como signo de servicio eficaz en
la comunidad, y creyó en Jesús Cristo, capaz de enseñarnos a transformar la sociedad de cruel en humana y llevarnos a la plenitud.
Su trayectoria multifacética y su dinamismo hace difícil encapsularlo… siempre solía estar un poco más delante de otros.
Tenía una confianza sin límite en la fuerza del Espíritu de Dios y del pueblo, claro y organizado. Es famosa y conocida su catequesis fundada en la historia del sufrimiento del pueblo de Israel bajo la opresión del faraón, que la comparaba con el sufrimiento del pueblo salvadoreño… “de los 10 mandamientos, de las 8 bienaventuranzas y de las 14 obras de misericordia”.
Su espiritualidad siempre lo hizo vibrar con el Dios que se compadece y siempre está al lado de las víctimas en cualquier parte del mundo. Vivió en carne propia el sufrimiento, la lucha y esperanza de su pueblo empobrecido…. Siempre atento a lo que acontecía en la realidad nacional y mundial con un oído puesto en el pueblo y el otro en el Evangelio… decía “Dios nos dio dos manos… en una la Biblia y en la otra la realidad”.
Acompañó siempre el proceso de liberación del pueblo, a la luz de la fe. Presente en la lucha contra los proyectos de muerte: minería, represas, agro tóxicos, privatizaciones, etc.
Era un incansable buscador de la justicia y luchaba siempre al lado de las víctimas. Solidario con las causas de los pueblos oprimidos, agredidos por el imperio como: Palestina, Cuba, Venezuela, etc., defendiendo sus derechos y de la Casa Común.
Creía en el pueblo organizado y consciente recordando lo que decía San Romero: “Pueblo y no Masa”
Tenía un espíritu ecuménico.
El legado que nos deja es que debemos organizarnos, para cambiar
este modelo neoliberal, unificar las luchas ecológicas, pueblos originarios, derechos humanos y de los pueblos que buscan su liberación con el lema: grito de la tierra – grito de los pobres.
Es decir encarnarnos en el mundo de los pobres para anunciar la Buena Nueva para dar esperanza, animarles a una praxis liberadora y seguir así el proceso de liberación. Una praxis de la misericordia… llevar a cabo una evangelización madura, liberadora, crítica y autocrítica; construir la Iglesia – Pueblo de Dios – del Concilio Vaticano II, Medellín y Puebla, para dar esperanza a ese pueblo sufrido y sufriente.
Mariella Tapella



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