Los cristianos de américa latina de que lado estamos de la cruz de oro o la cruz de madera
En América Latina la cruz no es un adorno. Es una frontera.
La cruz de oro brilla en los templos cómodos, en las manos que bendicen sin mancharse, en la fe que no molesta al poder. Es la cruz convertida en símbolo vacío, domesticado, sin conflicto. Esa cruz no incomoda a nadie.
La cruz de madera es otra cosa. Es la del campesino desalojado, la de la madre que busca a su hijo, la del obrero explotado, la del migrante que cruza fronteras con miedo. Es la cruz que pesa, que astilla, que sangra.
Jesús no murió bajo una cruz de oro. Murió bajo una cruz de madera, instrumento del imperio. El Cristo que seguimos no fue ejecutado por ser neutro, sino por ponerse del lado de los descartados.
En nuestra historia latinoamericana, figuras como Óscar Romero lo entendieron con claridad. No eligió el brillo del reconocimiento fácil; eligió la madera áspera del pueblo. Y esa opción le costó la vida.
Entonces la pregunta es directa:
¿Nuestra fe protege privilegios o defiende dignidades?
¿Nuestras parroquias son refugio del dolor popular o vitrinas religiosas?
¿Predicamos consuelo sin justicia o esperanza con compromiso?
No se puede cargar las dos cruces al mismo tiempo.
O la fe sirve para legitimar el orden injusto,
o sirve para transformarlo.
En América Latina no basta decir “somos cristianos”. Hay que decidir desde dónde seguimos a Cristo.
La cruz de oro adorna. La cruz de madera salva.
Pd. Douglas Calderón Morillas
Iglesia cristiana apostólica católica ICAC Chimbote PERU



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