San Salvador, 21 de enero de 2026. — En un contexto marcado por profundas crisis sociales, políticas y ambientales, el obispo de la Iglesia Episcopal Anglicana de El Salvador (IAES), Rvdmo. Juan David Alvarado Melgar, hizo un firme llamado a la unidad de los cristianos como testimonio indispensable del Evangelio, durante su mensaje en la Oración por la Unidad de los Cristianos, celebrada el miércoles 21 de enero en la Capilla Martirial San Óscar Arnulfo Romero, ubicada en el Hospital Divina Providencia.
Tomando como base el texto bíblico de Efesios 4:7 —“A cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo”— el obispo subrayó que Dios ha concedido a su Iglesia una diversidad de dones espirituales, los cuales no son motivo de división, sino fundamento de la unidad cristiana. “Somos diversos, somos diferentes, y eso es bueno. Pero Cristo Jesús, como nuestro único Señor, nos une en un solo cuerpo y en una misma esperanza”, expresó.

El obispo explicó que el sentido profundo del ecumenismo no radica en analizar o confrontar las diferencias entre las iglesias, sino en reconocer la acción viva del Espíritu Santo en cada comunidad cristiana. “El ecumenismo tiene que ver con reconocer que el Espíritu Santo actúa en nuestras comunidades y que esa gracia espiritual nos fortalece y nos hace uno solo”, afirmó ante representantes de distintas denominaciones cristianas reunidas en oración.
Durante su mensaje, Alvarado Melgar fue enfático al señalar que la división entre los cristianos constituye un obstáculo grave para el testimonio de Cristo en el mundo. “La división es una manifestación del pecado y debilita a la Iglesia. Si estamos divididos, no podemos dar testimonio de Cristo”, advirtió, al tiempo que destacó la necesidad de mantener un diálogo fraterno, solidario y permanente entre las iglesias.
También contextualizó su llamado en la dura realidad que atraviesa El Salvador y la comunidad internacional. Mencionó el despido de cientos de trabajadores del sector salud, el deterioro ambiental, los conflictos territoriales, la crisis alimentaria y la incertidumbre que viven miles de familias migrantes. “El mundo hoy vive una situación muy difícil; las guerras florecen y la violencia deja lágrimas, dolor y muerte”, señaló con preocupación.
Asimismo, hizo referencia a conflictos internacionales y a las tensiones geopolíticas que afectan a pueblos enteros, subrayando que las iglesias no pueden permanecer en silencio. “El mundo clama una voz de esperanza. No quieren escuchar una voz por aquí y otra por allá; nos quieren ver unidos”, enfatizó, invitando a las iglesias a asumir un rol profético ante las injusticias y la violencia.
En ese sentido, el obispo exhortó a las comunidades cristianas a convertirse en constructores de paz, ofreciendo una palabra clara y comprometida en favor de quienes sufren persecución, exclusión o miedo. “La paz debe ser un imperativo para nuestra unidad como iglesias cristianas”, afirmó, recordando que el testimonio común es más urgente que nunca.
La celebración ecuménica, realizada en un lugar profundamente simbólico para la historia reciente del país, estuvo marcada por la memoria viva de San Óscar Arnulfo Romero, mártir de la fe y de la justicia. Desde ese espacio, el mensaje del obispo resonó como una invitación a que la unidad cristiana sea visible, encarnada y comprometida con la realidad del pueblo.
Al finalizar su intervención, Alvarado Melgar encomendó a las iglesias al “Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo, Príncipe de Paz”, pidiendo que acompañe hoy y siempre a quienes trabajan por la unidad, la reconciliación y la esperanza. Su mensaje dejó claro que, frente a un mundo herido, la unidad de los cristianos no es opcional, sino una responsabilidad evangélica urgente.
Por: Edrian Valle Linares



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