Lo multiplicaron. Romero vive donde:
Se denuncia la injusticia sin miedo
Se defiende al pobre frente al poder
Se desenmascara la mentira religiosa que bendice la opresión
Se convierte la fe en acción concreta
Romero entendió algo peligroso para el sistema:Dios no está del lado de los poderosos, sino de las víctimas.
Por eso su figura no pertenece a los templos cómodos,
sino a:
las marchas
los barrios
las periferias
las luchas populares. “Si me matan, resucitaré en el pueblo”

Y así fue.
Cada mural suyo no es decoración.
Es denuncia.
Es memoria viva.
Es grito político y espiritual. desde San Salvador hasta los cerros de Perú— su rostro aparece donde el pueblo no quiere olvidar que:la fe sin justicia es complicidad. Romero no es pasado.
Es una pregunta incómoda hoy:
¿De qué lado estás?
¿Del lado de la comodidad o de la verdad?
¿De la religión que calla o de la fe que denuncia?
¿Del sistema o del pueblo?
Porque llevar a Romero “en las calles” no es pintar su cara.
Es asumir su causa.
PD DOUGLAS CALDERON MORILLAS.
IGLESIA CRISTIANA APOSTOLICA CATOLICA ICAC



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