Papas van y Papas vienen…
Créeme, querido amigo, que mi pretensión de verdad es mostrar mi respeto por la Encíclica: Magnifica Humanitas. Y no me ves ruborizar, porque el amor hoy en día anda en aflicciones o es cualquier cosa, menos amor.
Y viene don Quijote en su búsqueda febril y dice: …Con la iglesia hemos topado. Que los cultos de verdad dirán que es “dado”, eso es cosa de gente sin oficio que no se ríe ni de su amo.
Y ciertamente con la iglesia venimos topando siglo tras siglo, tragedia tras tragedia, pero siempre Jesús nos muestra su sonrisa y la de algunos de los suyos, a pesar de las iglesias. Y ya vendrán cursos, diplomados, retiros y todas esas yerbas flatulentas para los “comprometidos” y los pobres, y junto con ellos, hacer del Escrito Papal un Ícono más para negrearlo con las candelas.

Pero abundan las casas cristianas, clericales y herederos de aquellos que dieron golpe de estado al buen Jesús, cuyas comidas son de 4 platos gracias al amor infinito de la divina providencia. Y te ruego que mejor no me preguntés qué es eso de 4 platos, que el hígado también sufre.
Sacerdotes y pastores retorciendo la poca razón que utilizan, pretendiendo castrar la fuerza del evangelio en su choque con la Realidad. Y todo se reduce a que la maldad y el pecado reside en tu asqueroso corazón que no va a misa, que no se confiesa y que no pone su confianza en Dios, ya que ninguna hoja de árbol se mueve si el Señor no quiere. Ah, pero luego se asustan de que algún joven o viejo trasnochado piense -por lógica simple- que, en los cagadales del mundo, el tal Dios tiene mucho que ver. Y terminan huyendo de ese molino de vientos.
La iglesia debe ocuparse de las cosas espirituales, la iglesia no debe meterse en política ni en cosas mundanas. Eso no le compete, ellos deben ser los serios y duros vigilantes que deben mantener sacramentado al amado Jesús. Quizá lo correcto sea decir encarcelado, endulzado o castrado.
Y no creo que la influencia griega con su visión dualista se haya hecho carne y sangre con el evangelio; simplemente Roma queda muy lejos y el amado Jesús vive en la quinta mierda; y para que no se ofenda tu sacratísima alma, te aclaro que la expresión anterior significa que viven lejos muy lejos. Pero bueno, diría Stendhal que no son más que rústicos bien alimentados.
Por ello pienso mi querida Marcela -Filosofa salvadoreña cuyo único delito es ser mujer- que la iglesia necesita decencia mínima, humanidad básica. Sólo así podrán acercarse a la filosofía y no cualquier filosofía, sino aquella que va a la Realidad a través de las ciencias positivas y desde ahí ejerce su oficio, desde la vida real de los seres humanos y su mundo.
Y dice la carta encíclica del Papa León a secas, porque le pido a Dios que no te parezcas en nada a Luis XIV con su, l’état c’est moi… La tradición cristiana… conserva un núcleo de verdad que no declina.
Me encanta la carta cuando menciona eso de la dignidad ontológica: Es la dignidad que pertenece a todo ser humano simplemente por el hecho de existir, de haber sido querido, creado y amado por Dios; ningún pecado, ningún fracaso, ninguna humillación, ninguna exclusión puede afectar el valor profundo de una vida humana que Él ha querido y llamado a ser.
Esa verdad fundamental que viene de Jesús, que nos muestra que somos hijos de un mismo Padre y este Padre es el Dios amoroso, misericordioso y que nos acoge sin condiciones y que de ahí nace la conversión de verdad, no la religiosa, no la eclesial.
La iglesia no es la casa de Dios, y por iglesia me refiero a lo que decía Don Quijote. En esa iglesia tiene un valor fundamental el altar, la mesa pues. En esa su mesa no pueden llegar pastores de otras iglesias y menos obispas de otros negocios. Ese altar es un valladar de pureza. Y de los pobres, de los perseguidos y de los calumniados mejor ni preguntar. Ahora resulta que San Romero de América y del mundo, es propiedad de ellos, es su ícono, es su tesoro y son sus carceleros.

Pero se olvidan de que, para San Romero, tal como dice la carta del papa León también se reconoce El altísimo valor de los derechos humanos.
Dice la carta: Los derechos humanos son inviolables, porque son “inherentes a la persona humana y a su dignidad”. En consecuencia, son universales e inalienables.
Pero eso no se le puede gritar al tirano de turno, al endiosado, al endemoniado, porque es más importante preservar la salud mental, la paz que nuestro Señor quiere. Esa paz de glotones acartonados, perfumados y sacros como el diablo los quiere.
Y vean como Dios, el Dios de Jesús habla desde el gran poeta gay Walt Whitman:
No presiono mis dedos sobre mi boca,
Soy tan delicado con las entrañas como con la cabeza y el corazón,
La cópula no me parece más impura que la muerte.
Creo en la carne y en los apetitos,
Ver, oír y sentir son milagros, y cada parte de mí es un milagro.
Soy divino por dentro y por fuera, y hago sagrado todo lo que toco o me toca,
El aroma de estas axilas es más fino que la oración.
Esta cabeza vale más que iglesias, biblias y credos.
En Leaves of Grass.
Difiero un tanto de la expresión… en el tiempo de la IA. Porque como ser humano y cristiano que sabe que el evangelio es el diálogo amoroso entre los hermanos y hermanas, digo que no. No es el tiempo de la IA. Este es el tiempo de la apariencia, de la mentira, de la fuerza como criterio de verdad; es tiempo de la estupidez humana, -como diría San Dietrich Bonhoeffer-, que, por pretender alcanzar la velocidad de la luz, caen en una involución antihumana, anticristiana y anti-vida. Por eso van endiosando la IA y dejando de ser humanos a imagen y semejanza de Dios.
La IA es una herramienta que todavía hay que seguir estudiando, pero lo que sí es seguro que para el plano de la Educación o de la Escuela no es un peligro, es un daño real para las nuevas generaciones.
Y cierro esta reflexión primera con lo que dice la Carta de León:
Cada persona, hecha constitutivamente para la relación, es pensada y querida por Dios para entrar en una historia de comunión con Él, con los demás y con la creación.
Y concluyo con las interrogantes planteadas al inicio de la carta:
¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia que meta deseamos orientarnos? ¿Qué dirección elegir como comunidad humana y como pueblos?
Edwin Felipe Aldana Aguirre
Investigador y Docente Universitario.



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