Evangelizar al codicioso implica: Anunciar que Dios ama a todas las personas y que los bienes tienen una función social
Evangelizar al codicioso implica: Anunciar que Dios ama a todas las personas y que los bienes tienen una función social.
Ayudarle a descubrir el rostro de Cristo en los pobre, Invitarlo a practicar la generosidad y el compartir, Mostrarle que nadie puede llevarse sus riquezas al final de la vida, Testimoniar con el ejemplo una vida sencilla y solidaria. La conversión de Zaqueo es un ejemplo luminoso. Cuando se encontró con Jesús, comprendió que había algo más importante que el dinero y declaró: “Daré la mitad de mis bienes a los pobres” (Lucas 19,8). Hoy también necesitamos evangelizar la codicia presente en nuestras sociedades. No basta acumular riqueza mientras millones carecen de pan, trabajo, salud y educación. El Evangelio nos llama a construir una comunidad donde los bienes estén al servicio de la dignidad humana. hermanos La pregunta no es cuánto tenemos, sino cuánto compartimos. No es cuánto acumulamos, sino cuánto contribuimos a la vida de los demás. Cuando el corazón se abre al amor, la codicia pierde fuerza y nace la alegría de la fraternidad . El Evangelio pregunta al codicioso:¿Cuántos niños tienen hambre mientras tus graneros están llenos? ¿Cuántos enfermos esperan atención mientras aumentan tus ganancias? ¿Cuántos trabajadores producen riqueza que jamás disfrutarán? La conversión no consiste en dar las sobras. Consiste en compartir la vida. Consiste en comprender que los bienes de la tierra tienen destino universal y que nadie tiene derecho a vivir en la abundancia ignorando el sufrimiento de sus hermanos.
Escrito por: JPalestinaLibre



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