Iglesia Católica Exhorta a Elevar la Calidad de Vida de los Salvadoreños
San Salvador. En la misa solemne del 6 de agosto en la Catedral Metropolitana, en honor al Divino Salvador del Mundo, la Iglesia Católica hizo un llamado directo al Estado y a la sociedad: elevar la calidad de vida de los salvadoreños pasa por salarios justos, una canasta básica accesible, pensiones dignas y respeto pleno a los derechos humanos.
El Evangelio que predicó el prelado católico sorprendió a la feligresía porque siempre se ha mantenido al margen de los problemas del pueblo pobre, ese pueblo que abrazó Monseñor Romero. Esta vez la voz salió del altar y se metió en la cocina, en el salario y en la vejez.
Salarios justos: dignidad, no caridad
Desde la teología de la liberación, la homilía recordó que Dios tiene predilección por los pobres. Y esa predilección se mide en hechos concretos.
Un salario que no alcanza para vivir es un salario injusto. Y lo injusto, a los ojos de Dios, se llama pecado estructural. No se trata de pedir limosna. Se trata de exigir justicia. De que el trabajo vuelva a ser camino de dignidad y no de sobrevivencia.
Porque si el Salvador nos liberó, no fue para que su pueblo viva haciendo cuentas cada 15 días.
Canasta básica accesible: pan para todos
Hablar de alimentos accesibles es hablar de vida. En los mercados, en las comunidades, las familias deciden entre comer completo o pagar el bus.
La Iglesia llamó al Estado a regular, a apoyar al pequeño productor y a frenar la especulación. Desde la teología de la liberación, multiplicar el pan hoy significa políticas públicas que pongan la mesa al alcance de todos, no solo de unos pocos.
Pensiones dignas y derechos humanos
El otro punto central fue por los adultos mayores. El prelado señaló la realidad: en este país los adultos mayores tienen una pensión mínima mientras que otros carecen de una pensión.
Por eso la exhortación fue clara: el Estado debe garantizar pensiones dignas para todos. Desde la teología de la liberación, cuidar a quien ya dio su fuerza al país es un acto de justicia, no de favor.
Sin respeto a los derechos humanos no hay calidad de vida. Ningún desarrollo es legítimo si deja gente afuera.
Una Iglesia que vuelve a la calle
La sorpresa de la feligresía lo dice todo. Durante años muchos sintieron a la Iglesia distante. El 6 de agosto, desde la Catedral Metropolitana, esa distancia se acortó.
El Divino Salvador del Mundo no es solo procesión. Es el Dios-con-nosotros que camina con los crucificados de hoy. Es el mismo Dios que Monseñor Romero abrazó en los cantones y que hoy vuelve a nombrar desde el púlpito.
Ojalá este llamado no se quede en la homilía. Que baje a los acuerdos, a los presupuestos, a las leyes. Porque elevar la calidad de vida no es un slogan. Es que ningún salvadoreño tenga que elegir entre comer o vivir con dignidad.
Nancy Corpeño / para sentirconelpueblo.com



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