SACERDOTES TRAS LOS PASOS DE MONSEÑOR ROMERO
David Rodríguez y Trinidad de Jesús Nieto son dos curas del pueblo que a sus 85 años de edad acompañan al pueblo pobre, ese pueblo que abrazó Monseñor Romero. El Salvador es un pequeño país centroamericano marcado por la pobreza, el desempleo y el sufrimiento que generan las estructuras de pecado. En ese escenario, ellos eligieron salir a la calle y caminar por las comunidades inmersas en la pobreza y la miseria. Cantón CalderasDavid Rodríguez nació y creció entre el viento, el canto de las aves, los Maquilishuat en flor y los ríos que susurran historias de lucha en el cantón Calderas, Apastepeque, San Vicente. Zona agrícola y ganadera de la zona paracentral del país. A sus 85 años sigue viendo a Cristo en el rostro de los marginados.

“Ver a Jesús en los pobres no es solo un pensamiento, sino una invitación a la transformación y a salir de la comodidad para actuar. La identidad de Dios se manifiesta en el sufrimiento de los que más sufren y ahí se encuentra el Cristo viviente”, explica el religioso a quien le conocen como el chele David. El canto del Torogoz En las tierras soleadas de El Limón, Soyapango, donde el Torogoz canta en señal de resistencia y lucha, nació Trinidad de Jesús Nieto. Hijo de pequeños agricultores, creció en un escenario marcado por la pobreza y la injusticia. Se ordenó sacerdote en 1967. Y desde entonces asumió una misión clara:
“Para mí una Iglesia debe ser pobre para los pobres. Por eso traté desde mi ordenación sacerdotal vivir esa cualidad: una pastoral de acompañamiento, siguiendo los pasos de Monseñor Romero”, recuerda “Trini”, como le dicen en las organizaciones sociales.Hoy ambos forman parte del Comité Nacional Monseñor Romero. Continúan acompañando a comunidades rurales y a organizaciones populares que buscan un mejor sistema de vida para el pueblo salvadoreño. A ellos se suman otras iglesias históricas que también caminan: Luterana, Bautista, Emanuel, IBE, Anglicana y Católica, además de otras congregaciones religiosas. Todas encarnando una pastoral de presencia.

No es casualidad. Es convicción. Es la “iglesia en salida” que, aunque no la nombró Monseñor Romero, sí la vivió con el cuerpo. Y que hoy el Papa Francisco recuerda al mundo: una Iglesia que sale a las periferias, que acompaña, que se hace refugio para los más necesitados.David y Trini son testimonio de esa Iglesia. No tienen poder, tienen pueblo. No tienen comodidad, tienen misión. Y a sus 85 años siguen caminando tras los pasos del Santo de los pobres.
Escrito por: Alberto Colorado.



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