BUSCAR JUSTICIA SOCIAL ES CAMINO DE SANTIDAD
«La norma de comportamiento del pueblo que cree en el Dios de la vida será justamente dar vida. Lo que equivale a actuar de modo que la vida esté presente contra toda fuerza que quiera destruirla; contra la muerte y, por lo tanto, contra la opresión, el hambre, el egoísmo, la enfermedad, la injusticia y, en última instancia, contra el pecado que es el sello característico de la muerte.
Efectivamente, la liberación del pecado va a la raíz del mal; ello hace que en la Biblia el proceso de transformación que lleve a una sociedad justa y a un ser humano nuevo sea una experiencia y un camino de santidad. Nada tiene de extraño entonces que el término justo se haga sinónimo de santo. Ambos servirán en el Nuevo Testamento para designar a los discípulos de Jesús.
“Así como el que los ha llamado es santo, así también ustedes sean santos en toda su conducta, como dice la Escritura: ‘Serán santos, porque santo soy yo’. Y si llaman Padre a quien, sin acepción de personas, juzga a cada cual según sus obras, conduzcanse con temor durante el tiempo de su destierro”
(1 Pe. 1, 15-17).
La santidad de Dios es la fuente y el modelo de la nuestra; ésta se expresará en obras y según ellas seremos juzgados. Al término de un enérgico llamado a la justicia de la Nueva Alianza, Mateo coloca una impensada exigencia del Señor: “sean perfectos como es perfecto su Padre celestial” (5,48).Es una convocación a todo cristiano a la santidad, exigencia que debe ser fuente de alegría profunda. Como Léon Bloy hace decir a Clotilde, la mujer pobre, al término de la novela que lleva ese nombre: para un cristiano “sólo hay una tristeza y es la de no ser santo”.
Practicar la justicia, con todo lo que ella implica, nos hace pasar a la esfera de la santidad, al terreno de Dios mismo».
Gustavo Gutiérrez, “El Dios de la vida”.



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