LAS IGLESIAS TENSAN LA CUERDA ELECTORAL EN HONDURAS
En la recta final de un proceso electoral marcado por la polarización y la desconfianza, la Iglesia católica y las congregaciones evangélicas organizaron de manera conjunta una Caminata de Oración «Por la paz y la democracia», que rápidamente encendió la disputa política.
Los cálculos basados en imágenes aéreas y reportes ciudadanos estimaron entre 80 mil y 100 mil asistentes en Tegucigalpa, unos 40 mil en San Pedro Sula y miles más en Choluteca, Comayagua y La Ceiba. En total, cerca de 200 mil personas en todo el país. Una cifra importante considerando que hay 6,3 millones de electores empadronados para las presidenciales de noviembre.
La marcha fue convocada para llamar a la reflexión, la unidad y el respeto democrático en medio de los conflictos entre los representantes de los tres partidos políticos ante el Consejo Nacional Electoral (CNE), donde se discuten las reglas para los próximos comicios.
Aunque los organizadores pidieron a los candidatos presidenciales no sumarse, la procesión terminó agitando el polvorín electoral. El Partido Nacional y el Partido Liberal se unieron sin reservas, mientras que el oficialista Libertad y Refundación (Libre) la rechazó, acusándola de injerencia política.
En su rechazo, la presidenta Xiomara Castro afirmó que la fe «no se demuestra gritando en las calles ni levantando pancartas, sino en las acciones cotidianas». Su comisionado presidencial, Miguel Briceño, incluso pidió cancelar la personería jurídica de la Confraternidad Evangélica de Honduras (CEH) y advirtió –sin que llegara a suceder– que las fuerzas de choque de Libre, los llamados «colectivos», podrían intervenir en la marcha.
Un pulso por la calle
Para la socióloga Julieta Castellanos, exrectora de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), la reacción oficialista reflejó su temor de perder el monopolio de la movilización social. «El gran bastión de Libre es la calle porque han sido los únicos capaces de movilizar multitudes. Entonces, la caminata fue vista como una amenaza».
La preocupación no era para menos. La CEH, convocante de la caminata, asegura reunir a unas 14 mil congregaciones.
Frente a esta “amenaza”, según Castellanos, la estrategia de Libre pasó por tres fases: descalificar, desafiar e intimidar a los líderes convocantes. «Fue un error porque la gente lo percibió como una pérdida de libertades y del espacio cívico» resumió la experta.
El analista político Filadelfo Martínez coincide con la exrectora. «Mientras nacionalistas y liberales se sumaron con inteligencia, Libre confrontó de forma torpe un llamado eclesial a elecciones libres, transparentes y sin violencia», comentó
Las iglesias evitaron responder a los ataques y se ampararon en sus derechos constitucionales a la libertad de expresión (art. 72), culto (art. 77) y manifestación pacífica (art. 78).
No obstante, el influyente pastor evangélico Evelio Reyes admitió que la caminata era política, pero no partidaria. ” La iglesia tiene que mucho de qué hablar y alborotar la sociedad”, sentenció públicamente.
Escrito por: Expediente Público



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