Hay cantos que no envejecen. Que no son recuerdo, sino presencia. Uno de ellos es El Profeta, del grupo musical Yolocamba Ita, dedicado a Monseñor Romero. En cada homenaje, en cada vigilia, en cada romería hacia la cripta, ese canto vuelve a levantarse como una oración del pueblo.
La historia reciente de la Iglesia en El Salvador está marcada por el sacrílego crimen de Monseñor Óscar Arnulfo Romero hace 46 años, el 24 de marzo de 1980. Pero su palabra sigue vigente, viva, punzante, en esta bendita tierra que el Señor nos regaló y que está regada con la sangre de mártires.
Carreteras, aeropuertos, calles, avenidas, templos religiosos, plazas y comunidades llevan su nombre. Su nombre está en los monumentos, pero sobre todo está en el corazón de su gente.Asimismo, el pueblo de Dios, las iglesias históricas, las organizaciones sociales y el Comité Nacional Monseñor Romero conmemoran su cumpleaños, las fechas del histórico día de su asesinato, de su beatificación y canonización, reencontrándose con una palabra que sigue vigente en El Salvador. Porque Romero no es pasado. Es presente.
En cada actividad de homenaje a San Óscar Romero, uno de los cantos del grupo Yolocamba Ita, El Profeta, siempre está presente.
“Por esta tierra del hambre yo vi pasar a un viajero humilde, manso y sincero, valientemente profeta, que se enfrentó a los tiranos para acusarles del crimen de asesinar a su hermano, pa’ defender a los ricos.
“Desde la Teología de la Liberación entendemos que Romero fue ese viajero. Humilde, manso y sincero, pero valientemente profeta. No fue un obispo de palacio. Fue un pastor con olor a pueblo. Se enfrentó a los tiranos, no por odio, sino por amor. Los acusó del crimen más grave: asesinar al hermano para defender al rico. Esa es la idolatría que Romero denunció y que hoy sigue vigente.Yolocamba canta:
“Podrán matar al profeta pero su voz de justicia no, y le impondrán silencio pero la historia no callará.
“Lo mataron un 24 de marzo pensando que con una bala se apagaba la voz. Pero se equivocaron. Mataron al profeta, pero no pudieron matar la profecía. Hoy, en El Salvador de los despidos injustos, de los desalojos en el Centro Histórico, de los hospitales sin medicinas, de las comunidades que temen a la minería metálica, esa voz de justicia resuena más fuerte. Quieren imponer silencio, pero la historia, que es la historia del pueblo, no callará.
“Con su Evangelio en la mano Monseñor quiso hacer justicia y la hizo pero no gustó al villano, porque su voz fue el aliento que defendió al campesino iluminando el camino la libertad de este pueblo.
“Romero no tenía otro programa que el Evangelio en la mano. Con él hizo justicia. Y por eso no gustó al villano. El villano de ayer y el villano de hoy, que sigue viendo al pobre como amenaza. Su voz fue aliento para el campesino, luz en el camino, anuncio de que otro El Salvador es posible.
Esa es la Iglesia que soñamos: la del Evangelio en la mano y los pies en el surco.Y el canto culmina con la frase que hoy es nuestro titular y nuestro grito:
“Su pecado fue querer que los obreros comieran, que un padre nuestro tuvieran para rezarlo comiendo. Cuando Dios no hace justicia porque no entienden los ricos, de los pobres sale el grito que aprendieron del profeta.”
Ese fue su pecado. Querer que los obreros comieran. Que el Padre Nuestro no se rezara con el estómago vacío. ¡Qué pecado tan subversivo para los poderosos
!Hoy, cuando en El Salvador tantos rezan el Padre Nuestro sin pan, sin trabajo, sin medicina, sin techo, ese grito vuelve a salir.
No es un grito de odio. Es el grito que aprendieron del profeta. Es el grito de Romero que sigue caminando por esta tierra del hambre.
Por eso lo cantamos. Por eso lo recordamos. Porque mientras haya hambre, Romero camina.
Periódico Ecuménico sentirconelpueblo.com



No Comment! Be the first one.