El artículo del pastor Mario Vega, de la Iglesia Elim, llega en un momento clave y desmonta el principal argumento con el que se busca descalificar a las iglesias: que su oposición a la minería es política.
Vega plantea que la preocupación ambiental de las iglesias no es nueva y tampoco es producto de motivaciones políticas. Como recuerda el pastor, en el año dos mil diecisiete fueron precisamente las iglesias —católicas y evangélicas— las que abanderaron la recolección de más de cien mil firmas que llevaron a la histórica prohibición de la minería metálica en El Salvador.
Si hoy vuelven a alzar la voz es porque ese logro ha sido desmantelado con la nueva Ley de Minería. No es que las iglesias se metieron en política, es que la política se metió en un territorio que las iglesias ya habían defendido.
Este es el corazón del artículo. Vega sostiene que la lucha no se basa en una ideología, sino en profundas convicciones teológicas, éticas y sociales. La idea bíblica de que el ser humano no es dueño, sino administrador de la Creación. No se puede predicar amor al prójimo mientras se guarda silencio ante un modelo que pone en riesgo el agua y condena a las futuras generaciones.
La minería afecta directamente a los más pobres, a los campesinos y a las comunidades que viven del río Lempa.
Lo más potente que está ocurriendo es la convergencia. Ya no es solo la Iglesia Católica a través de la Conferencia Episcopal, ni solo la Iglesia Elim. Es el pastor evangélico más influyente del país y los obispos católicos diciendo lo mismo. Eso le da una legitimidad moral que ningún gobierno puede ignorar.
En conclusión, el artículo del pastor Vega nos recuerda que cuando las iglesias hablan de minería no están haciendo política partidaria, están defendiendo la vida.
Escrito por: Alberto Colorado / para sentirconelpueblo.com



No Comment! Be the first one.