En un mundo cada vez más dominado por el mercadeo globalizado y el ruido comercial, la Iglesia El Calvario, ubicada en el corazón del centro histórico de San Salvador, se convirtió en un faro de fe, cultura e integración comunitaria. Durante la reciente Solemnidad de Todos los Santos y la Conmemoración de los Fieles Difuntos, este templo emblemático albergó una serie de actividades litúrgicas y pastorales que marcaron un profundo contraste con la algarabía consumista y las celebraciones de la época.
Mientras en diversos rincones comerciales y plazas de la capital abundaban los disfraces de brujas, monstruos y espectáculos masivos promovidos por las municipalidades e instituciones comerciales, la niñez y la adolescencia de la Parroquia El Calvario decidieron recorrer un camino distinto: uno volcado hacia la historia, la trascendencia y los valores católicos.
La inocencia vestida de santidad
El momento culminante de la vivencia espiritual se experimentó durante la Santa Misa en honor a la Solemnidad de Todos los Santos. Con desbordante alegría, orden y devoción, los niños y niñas pertenecientes a la Escuelita de la Fe participaron en una caracterización muy especial, luciendo túnicas, hábitos y atributos distintivos para encarnar a sus santos de devoción.
Lejos de tratarse de un simple concurso de disfraces, la iniciativa buscó conectar a las nuevas generaciones con el ejemplo vivo de hombres y mujeres que dedicaron su existencia al servicio de Dios y del prójimo. Entre las figuras representadas por los pequeños y adolescentes destacaron:
- Santa Teresa de Calcuta: Evocada con su inconfundible sari blanco con franjas azules, recordando el valor de la caridad sin límites, la atención a los más desposeídos y la dignidad humana en medio de la pobreza extrema.
- San Judas Tadeo: Identificado con sus vestiduras verdes y blancas, símbolo del apóstol de la esperanza y patrón de las causas difíciles y desesperadas.
- San Martín de Porres: Representado con la escoba y el hábito dominico, testimonio universal de humildad, justicia social, superación de prejuicios y amor incondicional hacia los más vulnerables.
Esta representación viva permitió que tanto participantes como feligreses reflexionaran sobre el verdadero significado de la santidad: no como una utopía inalcanzable o reservada a estatuas de mármol, sino como un llamado cotidiano a generar caminos de buena voluntad, empatía, verdad y solidaridad en la sociedad actual.
Reliquias sagradas y veneración
En el marco de estas solemnidades, el histórico espacio sacro de la iglesia abrió sus puertas para mostrar tesoros de la fe católica. En el retablo dedicado a San Jerónimo, se expusieron para la veneración pública diversas reliquias de santos y santas reconocidos por la Iglesia universal.
Para la comunidad parroquial, la presencia de estas reliquias representó un punto de contacto tangible con los primeros siglos del cristianismo y con los grandes reformadores y misioneros de la historia. Los fieles se acercaron en actitud de oración y recogimiento, pidiendo la intercesión de los santos por la paz del país, por las familias salvadoreñas y por el fin de las violencias que acongojan al mundo contemporáneo.
Asimismo, al entrar en la Conmemoración de los Fieles Difuntos, el templo ofreció un espacio solemnísimo de veneración al exponer las consagradas imágenes de Jesús Yacente y la Virgen de la Soledad. Dichas tallas, de profundo valor artístico y devocional en la tradición centroamericana, invitaron a la comunidad a meditar en el misterio del sufrimiento, la muerte y la esperanza firme en la Resurrección. Ante las imágenes, centenares de personas elevaron plegarias por el descanso eterno de sus seres queridos fallecidos, manteniendo viva una tradición de piedad popular que consuela los corazones y fortalece la esperanza.
Un testimonio contracorriente frente a la marejada comercial
La valiosa práctica pastoral impulsada por la Parroquia El Calvario cobra un valor significativo al analizar el contexto urbano y social que la rodea. Durante los últimos días de octubre y primeros días de noviembre, el centro de San Salvador y sus alrededores se transformaron en el escenario de múltiples actividades enfocadas en la fiesta de la catrina, festivales de disfraces anglosajones y promociones comerciales centradas en el consumo masivo de golosinas y entretenimiento efímero.
Frente a este despliegue mercadológico que a menudo despoja a las fechas del sentido trascendente de la vida, la muerte y el recuerdo respetuoso de los difuntos, la propuesta de la Iglesia El Calvario destaca como una buena práctica pedagógica y cultural:
- Reivindicación de la identidad y la memoria histórica: Mientras las modas importadas promueven imágenes abstractas o ligadas al consumismo, vestir a los niños como santos promueve el conocimiento de personajes reales que transformaron sus entornos con obras concretas de amor y paz.
- Pedagogía de valores para la infancia: Promover figuras como San Martín de Porres o Santa Teresa de Calcuta educa en el altruismo, el trabajo en equipo, la honestidad y la perseverancia, contrarrestando el individualismo imperante.
- Rescate del espacio público y sagrado: Convertir el centro histórico de la ciudad en un espacio de convivencia pacífica, oración y arte sacro ofrece a las familias una alternativa saludable, espiritual y comunitaria.
Sembrar luz para el futuro
La vivencia experimentada en la Solemnidad de Todos los Santos y la Conmemoración de los Fieles Difuntos en El Calvario demuestra que la fe sigue siendo un motor vivo de transformación e identidad en la sociedad salvadoreña.
El compromiso de los catequistas, los padres de familia y, de manera muy especial, de los niños y jóvenes de la Escuelita de la Fe, deja una enseñanza clara: es posible celebrar, alegrarse y hacer comunidad sin ceder ante la presión de la corriente comercial. Reconocer y honrar el legado de los santos no es una mirada melancólica al pasado, sino una brújula que ilumina el presente y capacita a las nuevas generaciones para construir, con sus propias vidas, senderos de esperanza y buena voluntad.
*Foto: página de Facebook Parroquia El Calvario, San Salvador
Por: Luis Rafael Moreira Flores



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