¿Donde estamos?
San Romero vive aún hoy en su pueblo, como Enrique Angeleli y cuantos Humanistas que dieron sus vidas por los valores y derechos humanos. Pero cuando decimos “…vive en los pueblos” yo me pregunto siempre si al expresarlo no me pongo por fuera del pueblo o si yo soy parte de ese pueblo. En ambas premisas encierra una contradicción. Si me siento por fuera del pueblo, siento que estoy superado pero no encuentro en mi una clara convicción de Praxis, de compromiso redentor para con ese pueblo que aún vive el dolor de la marginalidad y la exclusión en infinitas diversas formas de parte de las estructuras del mal. O si acaso en la segunda premisa, al expresarlo yo me siento parte de ese pueblo, es decir, soy pueblo oprimido que suspira el nombre de San Romero y de todos los seres vivientes que han dado su vida por el pueblo del cual soy parte, pero parece que el saberlo no me alcanza para despertar de esa admiración por los santos y grandes líderes y que no me permite levantarme entre y con mis hermanos como pueblo para luchar en unidad por una Conciencia reflexiva y pragmatica por la Justicia Social, la promoción humana, la dignidad, por un amor político. Son preguntas que me hago cuando percibo el silencio y el desierto de millones de cristianos que no sé si están dentro del pueblo o si son pueblo.



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