EL SALVADOR RECLAMA UNA IGLESIA QUE LEVANTE LA VOZ EN DEFENSA DE LOS POBRES
En estos momentos difíciles, económicos, políticos y sociales que vive la gran mayoría de salvadoreños, es urgente, es clamor, es grito de auxilio: que la Iglesia levante su voz en defensa de los más pobres, marginados y oprimidos que son los preferidos de Jesús.
No es una petición. Es una exigencia evangélica.
Vivimos tiempos de angustia. El pan se encarece, el salario no alcanza, el joven migra o es estigmatizado, la tierra es despojada, el agua es privatizada, el miedo vuelve a caminar por las comunidades. Y frente a este vía crucis del pueblo, ¿dónde está la voz de la Iglesia?
Duele decirlo, pero hay que decirlo con amor profético: La Iglesia salvadoreña parece estar ciega, sorda y muda. Indiferente al sufrimiento de los crucificados en la patria de Monseñor Romero.
Se ha encerrado en sacristías cómodas, en liturgias sin compromiso, en discursos espirituales que no tocan la realidad. Una Iglesia que bendice todo y no denuncia nada, no es Iglesia de Jesús. Es una ONG religiosa. Es una Iglesia de ornamento, no de sacramento.
Jesús de Nazaret no murió en una cama, murió crucificado por el Imperio. Su delito fue ponerse del lado de los pobres y denunciar a los poderosos que convirtieron la casa de Dios en cueva de ladrones. Romero entendió eso y lo pagó con sangre.
La teología de la liberación nos enseñó que la opción preferencial por los pobres no es un simple asistencialismo, no es repartir paquetes alimenticios para calmar la conciencia. No. Como señalan los documentos de Medellín, Puebla y Aparecida, es un compromiso ético, radical, con los preferidos del Señor.
No es dar limosna. Es cambiar las estructuras.
Y eso implica denunciar las estructuras injustas generadoras de pecado que perpetúan la pobreza y la miseria. El pecado no es solo personal. Hay un pecado estructural, que se hace ley, que se hace salario de hambre, que se hace desalojo, que se hace minería que mata, que se hace represión.
¿Para qué sirve una Iglesia que no denuncia el pecado estructural? ¿Para qué sirve una Iglesia que calla cuando el pobre es aplastado?
Monseñor Romero nos dejó la vara con que medir a la verdadera Iglesia:”
La Iglesia traicionaría su mismo amor a Dios y su fidelidad al Evangelio si dejara de ser voz de los que no tienen voz”.
Si calla, traiciona. Si calla, deja de ser Iglesia.
El Salvador no necesita una Iglesia neutra. La neutralidad frente a la opresión es ponerse del lado del opresor. El Salvador necesita una Iglesia samaritana, que se baje de la mula, que toque al herido, que cargue al apaleado por el sistema.
Necesita una Iglesia que no tenga miedo a perder privilegios. Una Iglesia que vuelva a las comunidades de base, a las capillas donde se reza el rosario y se defiende la tierra. Una Iglesia que entienda que el silencio no es prudencia pastoral, es complicidad.
Hoy, el pueblo crucificado le reclama a su Iglesia:¡Habla, Iglesia! ¡No nos dejes solos en la cruz!
Que vuelva a resonar la voz de Romero desde el púlpito: “En nombre de Dios, y en nombre de este sufrido pueblo…”Esa es la Iglesia que El Salvador reclama. Esa es la Iglesia que Jesús quiere.
Alberto Colorado
Periódico Ecuménico sentirconelpueblo.com



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