Mito: Vida, poder y muerte
El mito es una narración muchas veces oral, simbólica y religiosa. Es una forma de interpretar y enfrentar las realidades con los recursos imaginarios y culturales que posee una comunidad en un determinado momento de su vida. Tanto la realidad como los mitos que le acompañan, son estructuralmente dinámicos.
Este relato es de uno de los mitos del pueblo Ngöbe, cuya comarca está enclavada en gran parte de la Provincia de Chiriquí y Bocas del Toro en Panamá, que hacen frontera con Costa Rica. Pues este mito del cual tuve el honor de ser participe en su desarrollo; lo hice acompañado con el antropólogo Ignacio Ochoa. Así que juntamos dos visiones: una antropológica y otra desde la sociología y Filosofía, al menos como artesano de esta última. El Mito del Gato que devora a los niños, como un mito de sobrevivencia del Pueblo Ngöbe; que, aunque tiene una dimensión de sacrificio, éste es en aras de la supervivencia del pueblo.

Seguidamente echar un vistazo a esos mitos del Poder y de las élites, que son abiertamente necrófilos, y que en la medida en que se distancia de la Realidad Humana, construyen y reconstruyen ese mal común que va en contra de la vida de la especie Humana.
Era el año 1986, y recorríamos la Comarca Ngöbe con Ignacio Ochoa, antropólogo y ambos guatemaltecos. Ignacio recogía los relatos y cantos de miembros de la comunidad, no como extracción de información, sino que, como parte de la convivencia con ellos. Yo veía su parte social y familiar, entre ellas la convivencia con los niños y niñas. A ambos nos dolía la pobreza y la vulnerabilidad de las pequeñas comunidades. Fueron largos meses comiendo básicamente arroz cocido el cual muchas veces teníamos que descascarar en el Pilón, un tronco de árbol ahuecado y un palo robusto para golpear y después airear el arroz y ponerlo a la olla.
Recuerdo que un día salieron los niños de cacería; llevaban sus chácaras o bolsas tejidas con fibras vegetales. El niño como de 6 años del rancho en el cual estábamos llevó de su cacería un pequeño pajarito, que fue limpiado y puesto a las brasas y luego repartido entre las 9 personas que estábamos en el rancho. Se me corrieron las lágrimas, pero me limpié rápido para que Nacho mi compañero no me viera. Resulta que el Nacho nunca dejó de verme como el exguerrillero curtido; pero eso no quita la sensibilidad y el amor por la gente. La guerrilla nunca fue para mí una causa, sino que, un efecto ante el sufrimiento y la violencia genocida que vivimos en Guatemala.
En ese duro y bello caminar, nos encontramos con el mito del Gato. Ese gato que se llevaba a los niños y los iba devorando uno tras otro. El gato eran las enfermedades producto de las pobrezas y la poca asistencia de salud y nutrición que el pueblo tanto necesitaba. Pero, los ancianos enfermos y que ya no aportaban mucho a la comunidad, eran señalados como los gatos que devoraban niños y el chamán o sacerdote solamente constataba quién de los ancianos se estaba convirtiendo en Gato. Al ser señalado como gato por la comunidad, el anciano era informado y puesto en manos de los principales y el chamán. Luego lo llevaban a un rancho alejado de las viviendas durante tres días sin comer y beber. Al tercer día se reunía la gente en el rancho y hacía cantos y oraciones de su pueblo y luego llegaba el chamán y realizaba algunos ritos y el anciano moría en ese instante.

De mi parte, feliz de estar con la gente y aprender a distinguir por el número de rocas con leña y ceniza, o sea sus fogones, cuántas eran las esposas que estaban en ese rancho, y pues con todas había que comer (a veces había Pifá, que luego te cuento) y beber café para que no se enojaran. Volviendo al Pifá, es un fruto difícil de cosechar ya que el árbol está lleno de espinas muy peligrosas, entonces ellos siembran árboles junto a él para poder llegar a sus frutos. Es algo con color de calabaza madura, pero de un sabor extraordinario y una totuma de café, o sea un depósito hecho con el fruto del morro. Eso simplemente hay que vivirlo porque es difícil de trasladar la experiencia.
Cierta noche ya recogidos en la casita de la montaña de la misión jesuita; Nacho me da la noticia de que hay un proceso de Gato y que hemos sido llamados a participar de ese evento comunitario, religioso y de supervivencia. Para mí era una mezcla de alegría y curiosidad, dado que mi vida hasta ese momento había estado marcada por datos reales, fuerzas, espacios de movimiento, estrategia y tácticas, pero también de muchos sueños. Yo soy tremendamente curioso y por supuesto que me dijeran que un anciano se moría después de unas oraciones, era algo que yo quería ver. Me sonaba a magia.
Eso sí, Nacho y yo compartíamos el que la Realidad es la verdadera escuela para nosotros los que hemos tenido el enorme privilegio de estudiar. En mi caso, más que privilegio fue suerte. Lo aprendido, realmente era validado o no por la realidad.
Y llegó el día de la ceremonia del Gato. Era un día lluvioso y salimos a media tarde de Cerro Otoe, hacia cerro Ratón. Dicho lugar era más alto y por tanto más frío. Fuimos caminando por caminos montañosos, pero con los ojos y el alma bien abiertos. Después de dos o tres horas de caminar, llegamos a un claro en donde estaba el rancho. Ya había una buena cantidad de gente que iba entrando poco a poco al rancho. Nos recibieron con alegría y nos invitaron a pasar sin esperar la larga fila. En la entrada del rancho estaban dos hombres y una mujer que limpiaban a los que iban entrando con una yerba llamada Chilca. Yerba que conocíamos desde Guatemala y también utilizada por los Mayas para limpiar el espíritu. Ellos remojaban la yerba y nos la pasaron por todo el cuerpo y luego pasamos a un sahumerio y nos sentamos en unas bancas de madera. Ya había gente platicando en su idioma y otros estaban en silencio.
Al fondo del rancho, en una especie de tapesco, pero en alto, estaba recostado el anciano. Yo sólo pude ver su perfil y ver que movió una de sus manos. Luego nos repartieron a todos una totuma llena de cacao molido y hervido. Sin azúcar ni nada, sólo el amargo típico del cacao. Era una totuma grande que calculé que no me podría terminar. El Nacho más informado me dijo que había que tomar toda la bebida y así hicimos con un gran esfuerzo. Según yo, lo duro del ritual ya había pasado. Sentía el líquido en la garganta. A los 20 minutos nos llevan otra totuma llena de agua de cacao y ahí entendí, qué era una limpia, cuando vi que la gente salía a vomitar y desde luego, me tocó salir también a expulsar toda la suciedad…
Cerca de la medianoche la gente empezó una especie de rezo y cantos y el chamán se acercó al tapesco recitando sus cosas… Y el anciano murió.
Mi cabeza y mi corazón decían en sus adentros: los niños mueren por desnutrición, por enfermedades gastrointestinales, por pobreza… Las personas y el anciano creen esto profundamente, esa es su realidad cultural, esa es su respuesta ante la muerte, esa es su interpretación. La comunidad construye un relato para dar sentido a un sufrimiento que no comprende del todo. Puede equivocarse y lo hace, pero, aun siendo una medida injusta están respondiendo a una herida real, a un sufrimiento enorme.
Los seres humanos interpretamos las realidades mediante mitos y mediante las ciencias positivas y el quehacer práctico de la gente. Esa transformación de la realidad de manera dinámica transforma de hecho las ciencias y también los mitos. El mito del gato se fue atenuando, cuando los niños dejaron de morir; porque la agricultura mejoró, los estanques de peces tuvieron su impacto, las pequeñas tiendas comunitarias llevaron productos a la comarca, la fe cristiana católica con su acompañamiento contribuyó al acercamiento de los diferentes caseríos que muchas veces no pasaban de 6 casas. No corregimos nada, solamente junto a ellos empezamos a transformar la vida.

Este mito extremo que vivimos con Ignacio hace ya 40 años, las realidades subyacentes, las realidades de las personas mismas, el compartir estas tristezas ya mediadas por la reflexión, el estudio formal, son en mi caso personal, la realidad desde la cual realizo artesanía filosófica.
Antes de entrar a la consideración de algún mito necrófilo, ligados sobre todo al Poder y las élites; necesito hablar de esa realidad esencial que es la muerte. Precisamente la muerte nos muestra sin tapujos la finitud de la vida humana y por eso mismo, la aceptación sencilla y directa de nuestra finitud o nos conduce al caos asesino o bien al sentido real de la vida. Todo poder político tiene los días contados sea de la magnitud que sea. En ese sentido, quiero contarles sobre cómo abordo el tema de la muerte con mis estudiantes. Porque la muerte está presente radicalmente en la vida y, por tanto, en la vida de las grandes mayorías empobrecidas, pero también en la vida de esas élites voraces de corte subhumanas. El supremacismo, el nazismo y el sionismo son todavía etiquetas elegantes que esconden la esencia del mal de estos grupos que han renunciado a ser Humanos, a formar parte de nuestra Especie. Se creen y se sienten tan superiores que su naturaleza, estructura y dinamismos van en contra de todo y de todos los demás.
Con mis estudiantes partimos de una lectura sobre la muerte de J. Gevaert y la constatación de que muchas corrientes filosóficas evaden este tema. Ya en la sesión con los estudiantes, partimos de plantear que todos hemos muerto iniciando la sesión; por lo tanto, lo que pensemos y hablemos lo haremos con la conciencia de que ya estamos muertos. Para ello tenemos una serie de preguntas que no necesariamente se aplica a todos, aunque todos participan y nadie se quiere quedar sin decir algo. Internamente, según cuentan ellos, van respondiendo las preguntas que se les hace a sus compañeros. Las preguntas son: ¿Quiénes te van a extrañar? ¿Qué pensará tu mejor amigo o amiga? ¿Qué impacto tendrá en tu pareja? ¿Qué te falto por decir a alguien o a algunas personas especiales en tu vida? ¿Quién se quedará con tus cosas? ¿Cómo te van a recordar? ¿Qué te faltó por hacer en tu vida? ¿Llegará algún ex a tu vela?
La reacción es de pesar, es de señalar todo lo que debimos hacer y decir en la vida, pero que gracias a Dios este es un ejercicio y podemos corregir en la vida real. Hay tristeza y pena, pero a la vez concluimos y ese es mi aporte, que el tema de la muerte nos conduce maravillosamente a la vida. Se convierte sin querer en una especie de revisión y análisis de lo que hemos vivido hasta ahora y mediante el ejercicio de autorreflexión, caemos en la cuenta de que podemos transformar nuestra vida y la de los demás con un nuevo sentido y una mejor vida. No me extenderé en todas las cosas y situaciones que son cuestionadas en este ejercicio, pero si es necesario señalar, que la necesidad de transformar lo que estamos viviendo, va cambiando muchas de nuestras formas de pensar y también de amar.
Los mitos necrófilos.
Los mitos de las élites siempre tienen su base en el Poder, en la Posesión material y en la ideologización sobre los demás de su propia visión. También subyace en estos mitos una visión de superioridad sobre los otros seres humanos y una especie de bendición de grupo elegido exclusivamente con una misión y que obliga a un actuar claramente antihumano, anti-Especie.
El mito supremacista Ario, que fue y es la base del pensamiento Nazi y de grupos de ultraderecha que carece de una base científica e histórica, pero que sin embargo es la ideología con la cual se pretende justificar el dominio sobre otros seres humanos y el hecho de que los recursos materiales deben pasar naturalmente bajo su poder. La entronización de esta ideología justifica la muerte y el sacrificio de los otros en tanto que son inferiores. Claramente es un mito de muerte, pero en la lógica de lo que enseña Foucault en el tema del poder, que éste se expresa en relaciones de poder y que tácticamente tiene aliados como los Nazis, con el imperio japones y el régimen de Mussolini.
El mito seudo divino de la superioridad del varón por sobre la mujer, que tiene un enorme peso actual en nuestras culturas con los “cristianos tradicionales” de finales del siglo XIX en Estados Unidos que asumen el texto bíblico del Genesis 2,18-23 el cual es el segundo relato de la Creación con el cual se justifica el carácter secundario de la mujer, como ayuda y dado que es formada desde el varón, de su costilla, su sometimiento es de corte natural y divino. Y es tan actual que la viuda y ex militar de inteligencia del asesinado Charlie Kirk junto a otras mujeres que jamás en su vida han sido amas de casa, pretenden arrebatar el derecho al voto de las mujeres, ya que, como cabeza de la familia, sólo el varón debe decidir sobre las cosas políticas y sociales. Para ellos las mujeres deben estar constreñidas en la casa del esposo. Pero dentro de toda su aparente pureza, son manejados por el sionismo y por el criminal y pedófilo Donald Trump. El corazón de esta ideología es la acumulación de riqueza y poder de corte patriarcal que hace evidente la bendición de Dios. No obstante, biblistas católicos y protestantes señalan que hay un pasaje más antiguo y que por tanto tiene más peso y es: Gen.1,26-28. El varón como la mujer son imagen y semejanza de Dios y ambos reciben el mandato de poblar y recrear la tierra. La escogencia de un texto más reciente y por tanto con menos peso y apartar un texto más antiguo y con mayor valor, claramente está motivado como justificación ideológica para una realidad de predominio del hombre.
De hecho, esta corriente es supremacista y como tal ha sometido con la violencia a los emigrantes que viven en Estados Unidos y Europa; y en Estados Unidos se sienten más nativos que los nativos americanos pero su piel los traiciona.
Uno de los casos más actuales es el judaísmo y el sionismo que se sienten llamados a dominar el mundo, a manejar el mundo como un imperativo de “pueblo elegido”. Están abiertamente convencidos que el resto, inmensa mayoría, por cierto, de los humanos son inferiores y de hecho cada judío podrá tener sus 2,000 esclavos. Estas corrientes son excluyentes y ejercen la marginación violenta.
Subyace a estas expresiones de Poder y control el mito de que la violencia sexual es la expresión natural de la supremacía del varón, del patrón, del dictador o de cualquier otro tirano y sus allegados. No obstante, la Fisiología desmonta el mito de Adán al mostrarnos que lo primero que se forma en el vientre de la madre es la estructura de la hembra y desde ella emerge la estructura del varón: Conductos de Müller, aparato reproductor femenino y Conductos de Wolff, aparato reproductor masculino. La violencia sexual, hacia la mujer y hacia la homosexualidad no es un simple accidente.
El derecho de pernada que san Google minusvalora y convierte el mito como sinónimo de mentira, fue una realidad cruel en las haciendas y fincas de Guatemala, de lo cual hay por supuesto importantes estudios. El Salvador de finales del siglo XIX e inicios del siglo XX nos presenta el mal llamado derecho de pernada como una realidad oprobiosa en el campo, aunque de nuevo san Google y su IA lo dan por falso. Sin embargo, cambiando la pregunta por: ¿Autores salvadoreños que han escrito sobre el derecho de pernada? La lista es prolífica e incluso recomienda y yo lo hago también:
“Para una visión más académica de cómo se ha analizado esta temática en el país, puedes revisar el análisis de la Universidad Don Bosco sobre el Cuerpo y Sexualidad en la Literatura Salvadoreña.” Los estudios guatemaltecos y mejicanos abundan sobre esto también.
Los hacendados, finqueros y demás terratenientes abusaban de las chicas antes de que estas se casaran. Pero aún peor, el hecho de encontrarse una chica o un chico, dado que estaban en su tierra podrían ser abusados e incluso asesinados. A tono con este escrito, cito a Rafael Landivar en su Rusticatio Mexicana, para al igual con el mito del gato dar cuenta de lo visto y oído al respecto en una hacienda mexicana por 1985…
“Mas en este opúsculo no tendrá cabida alguna la ficción,
si se exceptúa la que presenta a los poetas cantando a la orilla
del lago mexicano. Lo que vi, refiero, y lo que me han manifestado
testigos oculares, por otra parte veracísimos. Cuidé,
además, de verificar lo más singular de lo asegurado por la
autoridad de los testigos oculares.”
Rafael Landivar. (1731-1793)
En 1985 acompañé a una monja a la hacienda de su padre, allá en el Estado de Toluca. Por ese tiempo su padre tenía 96 años. Montaba todavía a caballo y se tomaba sus tequilas. Cierta mañana la hermana me invitó a montar a caballo para que viera lo bonito de la hacienda. Y claro que era bonita la hacienda. Vastas tierras y caseríos de colonos o trabajadores de ésta. Primero encontramos una niña como de 10 o 12 años y la hermana me dijo en voz baja: “Dice la gente que ella es mi hermanita.” Y tenían un parecido más allá del cuento. Un kilómetro después, encontramos a una mujer joven como de unos 27 a 30 años con un tremendo parecido con la hermana y ella me dijo: “Dicen que también es mi hermana” …
El Poder y el Tener genera una cantidad de mitos, que por supuesto no trataré ya que este artículo no da para ello; pero si menciono algunos, sobre todo aquellos mitos necrófilos -de muerte- propio de nuestras élites políticas y económicas. Por cierto, nada de esto está lejano del horror de Jeffrey Edward Epstein y de su amado amigo Donald,digno presidente de Estados Unidos. Y como dicen en los sectores populares, la mentira tiene patas cortas y la verdad termina alcanzándola. De la misma manera, la finitud humana es radical e inexorable, pero dado el endiosamiento de corte idolátrico, el poder tiembla ante esta verdad de la finitud. El poder choca con la cruda realidad de la finitud humana; esta finitud se expresa hondamente en el envejecimiento natural que opaca la idolatría en que cae el poder al endiosar al tirano. Pero también está la enfermedad que va corroyendo e invadiendo de terror a los líderes supremos. El creciente culto a la personalidad conforme pasa el tiempo se vuelve insuficiente y hasta molesto para el pequeño dios. Pero… si bebes sangre de bebé eso te da iluminación y poder. Violar niñas y niños te rejuvenecen. Y entonces, inexorablemente el miedo se acrecienta y con él la violencia desde el poder, el control sistemáticamente violento se quita la máscara y se descubre como el gigante con pies de barro que siempre fue.
El mito es una realidad simbólica que emerge, crea y potencia unas determinadas realidades. Desde la perspectiva de P. Ricoeur, el mito expresa una realidad simbólica que da qué pensar; y los seres humanos en buena medida somos animales simbólicos, además. En consecuencia, la filosofía tiene la ingente tarea de desmitologizar y en cierta medida también, la tarea de desmitificar, pero sabiendo en última instancia que el mito es parte esencial de la cultura de los pueblos y como tal, un tipo de racionalidad simbólica que nos invita a investigar y desde sí, el mito nos abre a la estructura de una cultura y a la realidad histórica de la condición humana.
Trump y Netanyahu no son accidentes históricos, son el fruto de “sociedades” enfermas, criminales y decadentes. Y justamente podemos pensar en la necesidad de analizar sus ADN.
Edwin Felipe Aldana Aguirre
Investigador y docente universitario.



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