A mi hijo, tras los muros
(De una madre que jamás deja de amar)

Aunque te envuelva el hierro y la pared,
mi amor te abraza más allá de la red.
Ni los barrotes ni el frío rincón,
pueden apagar lo que hay en mi corazón.
Te pienso en cada amanecer callado,
mi hijo valiente, mi niño amado.
Y aunque tus pasos no crucen mi andar,
te sigo esperando sin dejar de amar.
Eres más que un error del camino,
más que la sombra, más que el destino.
Eres mi sangre, mi lucha, mi fe,
y donde tú estés, yo estaré.
Que nunca te falte mi voz interior,
diciendo bajito: “Eres digno de amor.”
Un día el sol entrará en tu prisión,
y saldrás con alas hechas de perdón.
Elsita Barrientos



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