Cuando el calendario marca la fecha del 15 de septiembre, en El Salvador y Centro América, se despliega un ambiente de celebración que pretende conmemorar la independencia patria de 1821. A la vista de todos queda expuesto el más colorido desfile, cachiporras o bandas de paz.
Todo este ambiente hace tratar de reflexionar, sobre si realmente vivimos esa anhelada “independencia patria” y si, realmente, somos ciudadanos críticos y deliberantes que participamos de las decisiones en nuestro país, El Salvador.
Desafortunadamente no se puede pedir mucho a nuestra historia, la cual nació de las elites del momento, carentes de ideas propias, que divagaban entre lo nacional San Salvador, el reino de Guatemala y el desorden en Europa por las guerras napoleónicas; en la Capitanía General se daba el visto bueno de las acciones a realizar. Entonces se vivía de la coyuntura que iba surgiendo, apagando los fuegos, por ejemplo, nos declaramos libres de España y México hasta el 1 de Julio 1823 ¿Debería ser nuestro día de conmemorar la independencia?
Así, nos fuimos desenvolviendo como pudiéramos a veces unidos como “La gran “Centroamérica” o en guerras entre nuestros países. Sin embargo, la parte comercial nos obligó a romper con Guatemala, pues, diezmaba la economía salvadoreña. Así se puede decir, que esta historia nacional se funda en el olvido que los grupos de poder imponen para resaltar determinados hechos y silenciar otros.
No obstante, la Escuela (órgano ideologizador) del Estado logro imponer en el imaginario de sus alumnos y las generaciones, su blasón de héroes y mártires (todos hombres) el culto a lo que para ellos representaba lo salvadoreño: una bandera, una oración, un ave nacional, una flor, un árbol, el costumbrismo, el folklore, el ejército (en la declaración de independencia no hubo guerra, cachiporras, etc.).
Entonces volvemos a preguntarnos si ¿Después de 205 años somos mejores ciudadanos que al comienzo de este periodo? Parece pertinente, porqué según se aprecia por las practicas de los lideres de turno, ellos continúan siendo de la misma esencia, subyugados a otros poderes, hacedores de la voluntad de líderes más fuertes, así como lo fue en ese pasado lejano y civilizador.
Además, si el orden que instituyó el proceso de independencia y, su desarrollo posterior como la república de El Salvador, y la persona humana emerge como fin del estado, en el primer artículo de la constitución salvadoreña, y a pesar de esto, no se evidencia desarrollo, ni mejoría, autonomía, derecho a decidir como Estado libre, etc. entonces parece que a 205 años de aquel suceso, no hemos afectado afirmativamente la mentalidad libertaria del salvadoreño más común.
Resumiendo, dos periodos vividos; la guerra pasada y el fenómeno de las pandillas, las nuevas generaciones y las más viejas viven bajo la egida de un gobierno con tintes de Reyno, ¿Poder absoluto sobre todo y todos? ¿Y la república dónde quedó?
¿Que habrá pasado o está pasando en la mente de jóvenes ciudadanos que carecen de oportunidades, sustentación o estabilidad económica, proyección futura, etc.? ¿Qué legado positivo y a largo plazo podemos ofrecerles?
Los gobiernos en el ejercicio del poder siempre aprovechan las coyunturas como en el pasado lejano, para ganar la notoriedad necesaria y capitalizar simpatizantes, así lo han hecho siempre. Ahora en tiempos de las redes sociales los hechos se banalizan de cierta forma, pero la vida privada y publica pasa por ese filtro.
Tal es el caso del cantón los Toles, en Ahuachapán, donde el señor presidente dio su discurso, en ocasión del 205 aniversario de la independencia patria. Este cantón se hizo “viral” en las redes sociales gracias a su vocación cívica de desfilar en 2025 sobre calles anegadas de tierra y lodo. Cuantas comunidades habrá en nuestro El Salvador, que no logran hacerse “virales” y, por tanto, ¿su problemática no es atendida? ¿Por qué debemos hacernos virales para que nuestra problemática sea atendida?
Como es evidente, los políticos de turno miden sus proyecciones en cuantos likes logran sus publicaciones, sean verdaderas o deformadas (equipos de troles), estamos en el reinado de las redes sociales, casi todo se vale, la verdad se vuelve resbaladiza y tránsfuga.
Por qué no hemos potenciado el espíritu para que nuestra gente, se desarrolle como persona humana con deberes y derechos, que sientan sus necesidades básicas elementales satisfechas, salud, educación, alimentación, vivienda, trabajo, esparcimiento y derecho a la cultura. El Salvador requiere gente que sea resiliente a los políticos, que analicen, que pregunten que exijan a los servidores públicos, cosa que el contexto actual no permite.
La evidencia deja ver como en su discurso en el cantón los Toles, el presidente promete educación hasta “la universidad si ustedes quieren”, pero no les dice que este programa está financiado vía préstamos, algo que de alguna manera le resta estabilidad a tal programa.
Sin embargo, seguimos bajo este modelo “independentista” de nada para las grandes mayorías de los salvadoreños, se nos dice; hay tienen todas las tradiciones inventadas para su ritual de 15 de septiembre, desfilen, digan la oración a la bandera, saluden la bandera, que eso los hará mejores salvadoreños. Y seguimos arrastrando el lastre de una vieja forma de hacer política, donde el cálculo político del caudillo, el mover las masas a favor, el no hacer nada, el callar, el imponer siguen siendo las formas de la elite gobernante. Debemos aspirar a mejores derroteros en nuestra vida salvadoreña, por ejemplo; que nadie sienta la necesidad de emigrar a otro país para lograr sus objetivos en la vida, para salir adelante. Porque tener patria no es solo vivir en una demarcación geográfica, sino es tener algo y una expectativa de vida que satisfaga.
Escrito por: Luis Alberto Martínez Marín / antropólogo / para sentirconelpueblo.com



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