LAS HERIDAS QUE NO SANAN
Cargan la guerra en los huesos, aunque el calendario diga paz;
hay hombres que aún despiertan con el eco del mortereo a la par.
Las mujeres guardan silencio, porque nunca pudieron llorar.

Se firmaron aquellos papeles, con promesas de un nuevo amanecer, pero en muchas almas quedaron trincheras difíciles de vencer.
El fusil cayó de las manos, mas la guerra no quiso ceder.
Hoy caminan entre mercados, entre buses, caminos vecinales y alcohol, con la mirada rota, perdida y un cansancio que oculta el dolor.
Fueron fuego en la montaña, hoy son seres sin protección, sin interés para elites que menosprecian su histórico valor.
Guerrilleros y soldados, seres enemigos tiempo atrás, comparten hoy la pobreza, la ansiedad y el mismo pesar;
porque el hambre no tiene banderas, pero toca sobrevivir y callar.
Muchos dieron la juventud entera
soñando justicia y dignidad, pero el país que ayudaron a levantar, los dejó en la orilla del olvido y con harta necesidad.
Mientras gobierno y burócratas se enriquecen con la patria,
¿porque ignoran la historia? pregunta el veterano militar, el excombatiente guerrillero y el pueblo en general.
Tal vez la respuesta no vive en discursos ni en la negación oficial; vive en los ojos cansados de quienes aún esperan humanidad.
Porque hay heridas que no sangran,
pero nunca dejan de doler; son cicatrices de una guerra que el tiempo no pudo vencer.
¡Y mientras exista el olvido, la paz seguirá sin nacer!
Por: Dore Montemayor
20 de mayo de 2026
El Salvador.


