!! No Tengamos Miedo a Tocar las Heridas de Nuestra Gente !!!
El Salvador vive una de las peores crisis en lo político, económico y social marcada por políticas antipopulares del gobierno de turno, que atropella la dignidad humana bajo la mirada indiferente de la jerarquía católica que guarda silencio, convirtiéndose en cómplice y en simple espectadora del drama humano que sufren los pobres de esta nación.
En esta tierra de Mártires en la que ofrendó su vida Monseñor Oscar Arnulfo Romero en defensa de los pobres, las injusticias continúan, no se detienen y se profundizan con violaciones a los derechos humanos, hambre, desempleo, despidos masivos, encarcelamiento de inocentes sin vínculos con pandillas, migración forzada, menos salud y educación por el recorte al presupuesto 2025, y desalojo de familias para proyectos Estatales.
“No tengamos miedo de tocar las heridas de nuestra gente… El pastor no puede estar lejos del sufrimiento de su pueblo; es más podríamos decir que el corazón del pastor se mide por su capacidad de dejarse conmover frente a tantas vidas dolidas y amenazadas”, dijo el Papa Francisco a los obispos de Centro América, reunidos en Panamá el 28 de enero del 2,019.
” … El pastor, para buscar y encontrarse con el Señor, debe aprender y escuchar los latidos de su pueblo, percibir ” el olor ” de hombres y mujeres de hoy hasta quedar impregnados de sus alegrías y esperanzas, de sus tristezas y angustias “, dijo el Papa Francisco a los obispos, y entre ellos ahí estaba la jerarquía de nuestro país
¡¡¡Que mensaje y enseñanza !!! Les dió el Santo padre a los jefes de la Iglesia Católica de la región, sin embargo los jerarcas de la grey católica salvadoreña no captaron el mensaje de su jefe y hoy están mudos, ciegos y sordos ante el atropello a la dignidad humana en la tierra de Monseñor Romero.
Creo que la máxima jerarquía católica necesita una urgente confesión de culpa y una Súplica de de perdón tener miedo, desinterés y no acompañar a los preferidos del Señor y no tocar las heridas de mi pueblo, esa gente con rostro Sufriente de Cristo que nos que nos cuestiona e interpela.
Por : Geancarlo Martínez



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