Del día de Brujas, los Canchules y otras tradiciones de esta época.
Muchas de las tradiciones populares de nuestros pueblos hoy en día sobreviven a los tiempos, con el fervor de muchas personas que siguen sosteniéndolas como elementos propios de la cultura local. Para estas fechas, las celebraciones están dedicadas principalmente a un tema que poco se habla en lo cotidiano: la muerte. A través de nuestra herencia cultural es sabido que nuestras poblaciones indígenas adaptaron sus tradiciones con la religiosidad traída desde Europa, con la invasión, para preservar el culto para los que morían.
Es así, que conocemos de diversas festividades, que por generaciones se mantienen, y otras que en el correr de los años se viene desarrollando. En estos días, celebramos tanto festividades de origen ancestral, de origen religioso, y de origen pagano, como suele tildarlas la iglesia católica, y celebraciones de origen popular.
Día de San Judas y San Simón
Según el calendario católico, el 28 de octubre de cada año, se dedica a: San Judas Tadeo y a San Simón, ambos apóstoles de Jesús. Y quienes en la creencia popular, se identifican con “las causas difíciles y desesperadas” de los creyentes, como el caso de San Judas Tadeo “patrón de los casos difíciles y desesperados”. En El Salvador, y particularmente en la capital, un punto de veneración en estas fechas, a San Judas, es en la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús, ubicada en la calle Arce, donde acuden cientos de católicos con ofrendas y flores, en agradecimientos por milagros concedidos, tradición heredada de generación en generación. También hay música, misas y rezos. Las familias reparten entre los asistentes recuerdos, llaveros, postales, y otros artículos religiosos como ofrendas.
Pero fuera de la iglesia, también se conocen otras celebraciones de con elementos sincréticos y muy particulares de las creencias populares. Es así, que se celebra desde la popularidad al hermano Macario, que es una figura muy venerada en la comunidad indígena y ladina, sobre todo en el occidente del país, en Izalco, Sonsonate.
Ahí, encontramos para esta fecha del 28, la asistencia masiva de personas que llegan de diferentes partes, incluso del extranjero para llevar ofrendas y rendir culto ante la tumba del “hermano Macario”.
Es toda una fiesta popular y tradición que se le da, al “brujo cachimbón” como le dicen muchos en el argot popular. Le llevan: botellas de licor (guaro), cigarrillos y puros, chicha (bebida ancestral), y comida en agradecimiento por sanaciones y soluciones de problemas.
Pero también la comunidad de Izalco, rinde tributo a una deidad de origen ancestral, como es “Macario”, que proviene de raíces indígenas, y es considerado como “el curandero bondadoso”, quien sana a través de curaciones con hierbas y protege a la comunidad.
Aquí en la capital, se le rinde tributo a “San Simón”, en un pequeño templo ubicado frente a la Unidad de Salud de San Miguelito, al cual llegan cientos de personas para agradecerle sus favores.
Es de destacar, además que también, en la tradición Maya, encontramos a Maximón en la tradición de la época precolombina en la figura ancestral Rilaj Mam (El gran abuelo), protector de su comunidad.
Todas estas celebraciones que recaen en estos santos tanto de origen religioso como ancestral, está presente un patrón, sus fieles devotos o seguidores que provienen de diversos estratos y condición social, así vemos trabajadoras del sexo, obreros, artistas, comerciantes, entre otros sectores, y las mismas comunidades indígenas que entre el sincretismo y la religiosidad preservan sus creencias.

Día de Brujas en El Salvador
Hoy en día, es sabido que el Día de las Brujas, como originalmente se conoció en el país en las décadas del 50´s y 60´s, tiene un fin comercial. Era una herencia de salvadoreños que viajaban o residían en los Estados Unidos. En las décadas del 70´s y 80´s es cuando se estandariza lo comercial de la fecha.
No obstante, en nuestros barrios, colonias y comunidades la celebración era bien recibida por los niños y adolescentes, inclusos jóvenes que conseguían máscaras de personajes, luego con años, se ha ido popularizando la venta y comercio de productos y vestuarios. Pero su arraigo es más urbano, y ha ido convirtiéndose en una fecha puramente comercial. La religiosidad ha influido en la desaparición de las populares fiestas de barrio o colonia.
Muchas generaciones de salvadoreños crecimos con la emoción de conseguir dulces la noche del 31 de octubre, caminar por las calles con un disfraz, tocar puertas y la quiebra de piñatas en los barrios.

La Calabiuza frente al Halloween
La noche del 1 de noviembre, en la víspera del día de los Difuntos (2 Nov.), la población de Tonacatepeque, una localidad ubicada 18 kilómetros al nororiente de la capital, mantiene viva una tradición cuyo origen viene de tiempos remotos, y se fundamenta en el ayote, fruto tradicional que se consume como dulce o postre. La festividad es una tradición que se antepone a la fiesta externa del Halloween.
Se dice que, el ahora Festival de la Calabiuza, nació del esfuerzo comunitario por rescatar la mitología cuzcatleca frente a las influencias externar. Su nombre proviene del ayote, que se prepara en grandes cantidades para estas fiestas, con dulce de panela, el cual reparte a los asistentes.
En términos de religiosidad, la fiesta tiene un origen, en el Día de San Caralampio o el Día de todos los difuntos, esta feche religiosa data del siglo XIX y principios del XX, a partir de ella, cada primero de noviembre los niños y jóvenes salían por las calles a pedir comida o frutas de la época, llevando velas y antorchas elaboradas con los mismos ayotes. El ayote, es como llamamos en el país, a la calabaza, que es un símbolo del día de brujas.
En las décadas de los 80´s y 90´s la festividad incorpora la presencia de personajes propios de la mitología salvadoreña, entre los cuales esa noche se pueden encontrar: a la Carrete Chillona, el Cadejo Blanco y el Negro, el padre sin Cabeza, el Cipio, la Siguanaba, , entre otras.
Los altares de muerto y los Canchules
Datos históricos revelan que en nuestro país, y particularmente en Nahuizalco, Sonsonate, en 1899, el antropólogo sueco Carl V. Hartman, documentó los altares domésticos en esta comunidad del occidente del país, una tradición que hoy en día se mantiene, y se combina con Los Canchules, una festividad del 1º de Noviembre, y que además recordar a los difuntos, se comparten comidas y bebidas típicas con los presentes.

Las familias ponen en los hogares retratos de los familiares fallecidos, y se elaboran coloridos altares, con flores de cempoalxóchitl. La tradición tiene más de 180 años, y en los últimos tiempos se ha logrado fortalecer.
Esta festividad tiene un origen puramente indígena y mestizo, es decir, está muy arraigada en la comunidad, es de las expresiones sincréticas y religiosas más antigua de nuestro país. Se reparte comida ancestral como, los tayuyos (tamales de yuca), tamales de gallina indía, dulce de ayote, atoles, chicha, frutos.
Todas estas tradiciones son similares o parecidas a muchas de las que se recuerdan en estas fechas, en nuestro país y en América Latina, Mesoamérica en específico, donde queda en claro, cómo nuestras poblaciones indígenas resguardan mucha tradición y costumbre, y en el sincretismo y el misticismo se preserva la raíz cultural.
Escrito por: Iván Escobar / para sentirconelpueblo.com



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