IGLESIA, IMPUNIDAD Y MEMORIA: Cuando la fe es tentada a olvidar
Hay una diferencia entre hacer memoria y hacer liturgia del olvido. La memoria duele porque cuenta muertos, nombra responsables, abre archivos. El olvido alivia porque cierra los ojos, cambia las palabras y le pone incienso al silencio.
En buena parte de la Iglesia peruana de hoy esa tentación aparece de nuevo. No en la Iglesia del barro, la que acompañó a las víctimas en Ayacucho, en Putis, en Accomarca. Sino en la Iglesia del escritorio, la que ahora teme incomodar al poder y confunde prudencia con complicidad.
El Perú ofrece hoy un ejemplo doloroso porque la reconciliación sigue incompleta y la impunidad ha vuelto a vestirse de ley.
La Comisión de la Verdad y Reconciliación, que los obispos del Perú respaldaron en 2003 diciendo que “la verdad nos hará libres”, estimó 69,280 víctimas. Dijo con claridad: Sendero Luminoso inició la violencia y fue el principal perpetrador. Pero también dijo que el Estado cometió ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas, torturas sistemáticas. Algunas, crímenes de lesa humanidad. No desde un soldado loco. Desde una estructura.
Una verdad no borra la otra. Condenar el terrorismo de Sendero no santifica todo lo que hizo el Estado. Y denunciar los crímenes de Estado no es ser terrorista.
El problema empieza cuando una parte quiere borrar a la otra.
Ese riesgo vuelve hoy con nombre propio: leyes de amnistía, prescripción disfrazada de “humanitarismo”, intento de cerrar el LUM para “desideologizarlo”. Y desde el poder se nos dice que hay que “pasar página”, que no hay que “resentir” a los jóvenes con el pasado.
Pero el Evangelio no dice “pasen página”. Dice “la verdad os hará libres”. Y no hay libertad sin verdad.
El revisionismo eclesial empieza así: primero se cambia el lenguaje, ya no se dice conflicto armado interno, se dice “época del terrorismo”. Después se cambian los sujetos, ya no hay víctimas del Estado, solo “excesos”. Finalmente se cambia la memoria, ya no hay Lugar de la Memoria, hay “lugar de la reconciliación” sin cruz y sin nombres.
Y ahí la Iglesia se vuelve cómplice.
Porque la Iglesia peruana no fue espectadora. Enterró a los muertos que nadie quería enterrar. Denunció cuando la Conferencia Episcopal de 1985, 1986, 1987 dijo que no se puede combatir el terrorismo con terrorismo de Estado. Acompañó a las madres de la Plaza de… de Ayacucho.
¿Cómo va a bendecir ahora el olvido?
El Papa Francisco lo dijo en 2018 en Puerto Maldonado: “No nos es lícito mirar para otro lado”. Y León XIV, que conoce el Perú desde Chiclayo, sabe que aquí la impunidad no es un debate jurídico, es una herida abierta.
Sustituir la palabra “dictadura” por “gobierno de emergencia” no es un matiz. Es borrar que el 5 de abril de 1992 hubo un golpe de Estado que la propia CVR llamó “autocracia corrupta”. Es borrar que el Grupo Colina existió y mató en nombre del Estado. Es borrar que hubo leyes de amnistía para legalizar la impunidad, como documentó la CVR, y que hoy se quieren repetir.
La historia no exige repartir culpas por igual, porque no fueron iguales. Exige algo más cristiano: no borrar a ninguna víctima.
El Perú continúa cargando con aquellas décadas porque la Iglesia todavía no ha terminado de hacer su opción. Todavía sobreviven dos iglesias: una que pone la sotana en el barro y otra que la pone en la alfombra del poder. Como si reconocer un crimen del Estado obligara a justificar a Sendero. No es así.
Mientras esa lógica no sea superada, cualquier intento de “pasar página” en la Iglesia será simplemente una manera de arrancar el Evangelio.
Pasar página exige primero leerla entera: terrorismo subversivo, terrorismo de Estado, dictadura, víctimas, mártires, obispos que hablaron y obispos que callaron, curas asesinados y curas que bendijeron fusiles. Sin amputaciones convenientes.
Solo después podrá hablarse de reconciliación.
Y reconciliación no es impunidad.
Reconciliación es justicia, verdad, reparación y garantía de no repetición. Todo lo demás es liturgia vacía.
No olvidar. No bendecir el olvido. Y finalmente, pasar página. ¡PERO LEYÉNDOLA PRIMERO!
Por: Carlos Manuel Alejos Lévano / Agente pastoral, Movimiento de Trabajadores Cristianos, Callao, 2026. *
28 de setiembre del 2026.
Perú.



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