León XIV: “El Mundo Está Siendo Devastado por un Puñado de Tiranos”
En su segundo día de visita al país, el Papa León XIV se desplazó, bajo fuertes medidas de seguridad, al corazón del Noroeste de Camerún, una región castigada desde hace casi una década por el conflicto con las milicias separatistas anglófonas.
Desde allí, en un encuentro interreligioso por la paz, lanzó una dura advertencia contra los señores de la guerra: “El mundo está siendo devastado por un puñado de tiranos, y, sin embargo, se mantiene unido gracias a una multitud de hermanos y hermanas solidarios”.
El Pontífice advirtió también contra la instrumentalización de la religión, denunciando con firmeza a quienes la manipulan para justificar intereses ajenos al bien común. “¡Ay de quienes doblegan las religiones y el mismo nombre de Dios a sus propios intereses militares, económicos y políticos, arrastrando lo que es santo hacia lo más sórdido y tenebroso!”, lamentó.
“Los señores de la guerra fingen no saber que basta un instante para destruir, mientras que a menudo ni toda una vida es suficiente para reconstruir. Cierran los ojos ante el hecho de que se gastan miles de millones de dólares en matar y destruir, mientras que no se encuentran los recursos necesarios para la sanación, la educación y la reconstrucción”, incidió.
“Quienes despojan a su tierra de sus recursos suelen invertir gran parte de los beneficios en armas, perpetuando así un ciclo interminable de desestabilización y muerte”, denunció tras asegurar que no se trata de inventar la paz, sino de “acogerla” asumiendo al prójimo como hermano y como hermana.
Un bálsamo para la población exhausta por la violencia
Las palabras del Papa durante el encuentro por la paz que presidió en la Catedral de San José de Bamenda, epicentro de un conflicto separatista que se prolonga desde hace casi una década, resonaron como un bálsamo entre una población exhausta por la violencia.
En una región marcada por la muerte, la destrucción y el desplazamiento forzado, el Pontífice quiso devolver esperanza a la comunidad más herida del país africano.
“Queridos hermanos y hermanas, ustedes que tienen hambre y sed de justicia, ustedes los pobres, los misericordiosos, los mansos y los de corazón puro, ustedes que han llorado, ¡ustedes son la luz del mundo!”, proclamó desde la capital de la región Noroeste de Camerún, sacudida desde 2017 por una espiral de violencia alimentada por grupos rebeldes armados que reclaman la independencia de la zona anglófona frente al resto del país, de mayoría francófona.
Antes de tomar la palabra, el Pontífice escuchó con visible emoción el testimonio de Denis Salo, padre de familia que, junto a su esposa y sus tres hijos, tuvo que huir de la localidad de Mbiame, en la Diócesis de Kumbo, para salvar la vida.
“La muerte se volvió parte de nuestra cotidianidad”, relató. Cinco de sus vecinos y uno de sus amigos más cercanos fueron asesinados. Mientras los combatientes separatistas abrían fuego, los soldados del ejército incendiaban viviendas, sembrando el terror entre la población civil. “No había escapatoria”, recordó.
Pese al sufrimiento acumulado, Denis Salo no perdió la fe. El Papa le agradeció su valentía.



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