La agonía del Río Lempa continúa
Presionado por la denuncia ciudadana y periodística en redes sociales y medios de comunicación, el gobierno acudió a quitar la plaga de algas tóxicas que asfixiaron a miles o millones de peces en el embalse de la presa hidroeléctrica El Cerrón Grande, en el Río Lempa.
Un grupo de periodistas, comunicadores y activistas ambientales pudo constatar hace una semana que la “lechuga mala”, como la llaman los pobladores de la zona, ha sido retirada momentáneamente por personal del Ministerio de Obras Públicas (MOP) y de la empresa “Constructora El Salvador”.
Según testimonios de los ribereños, la intervención gubernamental -desafortunadamente- incluyó acciones tan absurdas como lanzar herbicidas y otros agroquímicos sobre el agua. Esto mató a las algas malignas, pero también acabó con los moribundos peces que habían sobrevivido a la falta de oxígeno.
Las autoridades gubernamentales también anunciaron que han comenzado a retirar los desechos sólidos de la superficie del “Lago Suchitlán”. Romeo Rodríguez, ministro de Obras Públicas, mostró en redes sociales una lancha, en medio del basural acumulado en el dique de la represa, recogiendo latas y plásticos.
Sin embargo, el problema dista mucho de resolverse, pues el Río Lempa seguirá llenándose de basura si no hay políticas de tratamiento adecuado que incluya educación a la población para no tirar la basura, reducción de plásticos, la prohibición de descartables y una apropiada disposición final de los desechos.
El principal río nacional también seguirá envenenado con químicos y metales pesados si no se elimina la contaminación por el vertido de aguas residuales que contienen desechos orgánicos, industriales y agroindustriales lanzados directamente al Lempa o a través de ríos tributarios altamente contaminados como el Acelhuate y Río Sucio.
Si no se actúa en ambos sentidos, el Río Lempa seguirá muriendo y pronto se acabará la mayor fuente de agua potable para el Área Metropolitana de San Salvador, el proveedor de un tercio de la energía eléctrica que consume el país y el principal acuífero de 170 distritos de ocho departamentos que viven de la agricultura, la pesca, el turismo y otras actividades económicas que dependen del río.
Por eso es urgente reconocer y asumir el problema en su gravedad y complejidad, en vez de ocultarlo o minimizarlo. Los problemas se resuelven aceptándolos y enfrentándolos con soluciones reales y estructurales, no con medidas temporales, cosméticas o publicitarias.
Esto implica acciones urgentes como decretar una “emergencia ambiental extrema” que permita al Estado poner todos los recursos financieros, logísticos, técnicos, científicos y humanos necesarios en función del rescate del Río Lempa.
En el marco de esta emergencia podría impulsarse un plan integral de limpieza del río, eliminación de las fuentes de contaminación, recuperación de las cuencas y de participación de las comunidades ribereñas en su protección. Para iniciar este proceso podría acelerarse la implementación del programa “Somos Río Lempa” financiado por una conversión de “deuda por naturaleza”, y a éste sumarle todos los recursos estatales posibles.
También es apremiante, como medida de protección, restablecer la prohibición de la minería metálica, pues la reactivación de esta nociva industria extractiva sería el acabose del Río Lempa debido a que la mayoría de proyectos de explotación están ubicados sobre sus cuencas.
De hecho, al derogar la prohibición de la minería de metales, el gobierno de El Salvador ha incumplido su principal compromiso del convenio firmado con su par de Estados Unidos y con las instancias financistas del canje de deuda para la recuperación y revitalización del Río Lempa. Dicho compromiso consiste en mantener vigentes todas las medidas (leyes, políticas o programas) de protección ambiental existentes al momento de suscribir dicho convenio.*Periodista y activista ambiental.
Por Leonel Herrera*



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