LA CRUZ DE LOS POBRES ES REAL…
La cruz es una sola.
Pero no todos la cargan igual.
La cruz de los pobres es real: hambre, desalojos, salarios indignos, persecución, enfermedad sin atención. Es la cruz que no se elige. Es impuesta. Es diaria. No cuelga del cuello: pesa sobre la espalda.
La cruz de los poderosos muchas veces es símbolo sin riesgo. Se exhibe en actos oficiales, se bendice en ceremonias, se usa como legitimación. Pero no sangra. No pierde privilegios. No renuncia a nada.
Jesucristo no murió sosteniendo el orden establecido. Murió ejecutado por un sistema que protegía intereses. Su cruz no fue neutral. Fue consecuencia de ponerse del lado de los últimos.
La cruz de los pobres clama justicia.
La cruz de los poderosos suele pedir estabilidad.
Una pide pan.
La otra pide silencio.
Óscar Romero lo dijo sin ambigüedad: la Iglesia debe asumir la suerte del pueblo. No puede predicar resignación a quienes ya están crucificados mientras negocia tranquilidad con quienes clavan los clavos.
No se trata de romantizar el sufrimiento. El sufrimiento no es virtud. La cruz no es gloriosa por sí misma. Es denuncia del pecado estructural.
La pregunta es clara:
¿Con cuál cruz se identifica la Iglesia?
¿Con la que incomoda al poder o con la que lo decora?
Porque si la cruz no confronta la injusticia, deja de ser signo de salvación y se convierte en amuleto.
Pd. DOUGLAS José Calderón Morillas
ICAC
Iglesia cristiana apostólica católica.



No Comment! Be the first one.