Hoy la gran mayoría de la población de El Salvador está crucificada por la pobreza, el desempleo, el hambre, la miseria y la falta de oportunidades para la juventud bajo un sistema de estructuras injustas generadoras de pecado
En esta bendita tierra que el Señor nos regaló también está crucificada la naturaleza por la codicia industrial que se niega a aceptar límites. Crucificada está la Madre Tierra, agotada hasta el punto de haber perdido su equilibrio interno que se manifiesta en el intenso y sofocante calor.
Los bosques, la fauna, los ríos y montañas están crucificados y amenazados con tractores, motosierras y la minería metálica a lo largo y ancho de esta Patria, la Patria de Monseñor Romero, el Santo de los pobres, marginados y oprimidos.

El Salvador sufre una galopante situación de pobreza, desempleo, alto costo de los productos de la canasta básica y destrucción del medioambiente que golpea a la a la población más necesitada y nos hace recordar el rostro sufriente de Cristo en la cruz del calvario.
Se trata de un padecimiento; de un sufrimiento fuerte y profundo en el pueblo salvadoreño que está crucificado.
Escrito por: Ramón Bracamonte



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