El pueblo salvadoreño está viviendo un verdadero vía crucis económico. El salario mínimo de la clase trabajadora se ha vuelto insuficiente, casi simbólico, frente al alto costo de la vida que golpea sin piedad tanto en el área urbana como rural.
Las cifras oficiales hablan por sí solas y duelen.
En el sector comercio y servicios, el salario mínimo apenas alcanza los $408.80 por mes, dividiéndose en $13.44 por día y $1.68 por cada hora laborada.
Con ese salario, una familia de cinco miembros tiene que hacer milagros para sobrevivir.
Porque solo la canasta básica alimentaria, es decir, solo lo que se lleva a la boca, sin incluir nada más, alcanza un precio de $264.73 dólares por mes. Eso significa que más del 64% del salario mínimo se va solo en comida, y de la más sencilla.
Si hablamos de vivir con dignidad, la realidad es aún más cruel: La canasta básica ampliada, que incluye alimentos, vivienda, salud, educación y transporte, tiene un costo de $522.96 dólares. Es decir: el salario mínimo no alcanza ni para cubrir la canasta ampliada. Faltan $114.16 dólares cada mes para que una familia pueda vivir, no con lujos, sino con lo mínimo necesario. El trabajador trabaja un mes completo y termina endeudado para poder comer y movilizarse.
En el área rural, la historia no es mejor, es de mayor abandono.
La canasta básica de alimentos tiene un costo de $189.63 dólares, pero el salario mínimo rural es de apenas $272.53 dólares al mes, o sea $10.03 por día. Después de comprar la comida, al campesino le quedan $82.90 para todo lo demás: vivienda, salud, educación de sus hijos, transporte, ropa. Con eso es imposible vivir.A esto se suma el otro flagelo que no aparece en las estadísticas oficiales: el desempleo y el subempleo disfrazado. Miles de salvadoreños no tienen ni siquiera ese salario mínimo. Viven del rebusque, de vender en la calle, de lo que caiga en el día. Para ellos no hay canasta básica, hay hambre básica.
¿Cómo puede una madre dar de comer a cinco con $13.44 al día?
¿Cómo puede un joven soñar con estudiar si el pasaje y la cuota de la escuela se comen el salario?
¿Cómo se puede hablar de desarrollo cuando el trabajador es cada vez más pobre?
El alto costo de la vida, los salarios bajos y el desempleo no son un accidente. Son el resultado de estructuras injustas generadoras de pecado que perpetúan la pobreza, como lo denunciaba Monseñor Romero.
El pueblo trabajador no pide limosna. Pide justicia. Pide un salario que alcance para vivir con dignidad. Pide que el trabajo sea fuente de vida y no de esclavitud moderna.
Porque hoy en El Salvador, trabajar a tiempo completo ya no garantiza salir de la pobreza.
Alberto Colorado
Periódico Ecuménico sentirconelpueblo.com



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