Actuamos ahora o perdemos el agua y perdemos la vida, advierten movimientos ecológicos y sociales al abordar los peligros que se ciernen sobre El Salvador.
En ocasión de celebración el 22 de marzo el Día Mundial del Agua, instaurado en 1992 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, con el objetivo de generar conciencia sobre la crisis hídrica global y promover la gestión sostenible de este recurso esencial para la vida, en el país no faltaron demandas y alertas.
El río Lempa, que abastece el 75 por ciento del agua potable del Área Metropolitana de San Salvador y constituye una fuente vital para el consumo humano, las actividades domésticas, la agricultura, la pesca, el turismo y otras formas de subsistencia, está en peligro.
No es solo por la amenaza de la Ley General de Minería Metálica, aprobada a propuesta del gobierno hace unos meses y que destapó un enjambre de protestas entre ambientalistas y pobladores, esa es solo parte de la historia.
El «oro azul» , término que identifica al agua dulce, un recurso escaso, esencial para la vida y cada vez más valioso tanto económica como estratégicamente está en peligro, un clamor que recorre el país y dispara las alarmas.
Según la Organización de Naciones Unidas (ONU), la crisis mundial del agua nos afecta a todos, aunque de forma desigual, y el llamado Pulgarcito de las Américas no es la excepción.
Aquí muchas personas carecen de acceso al agua potable y al saneamiento cerca de sus hogares, las desigualdades se acentúan; y son las mujeres y las niñas quienes sufren las peores consecuencias, denuncian ambientalistas.
Este año, la celebración tuvo rostro de mujer, por el papel vital que juegan las féminas en la gestión del preciado líquido, base de la vida de los humanos.
En El Salvador, movimientos ecológicos y sociales alzaron su voz frente al Monumento al Derecho Humano al Agua, ubicado sobre la Autopista Norte de San Salvador, para exigir a las autoridades la protección de las zonas de recarga acuífera amenazadas por proyectos considerados depredadores.
Asimismo demandaron frenar la sobreexplotación de los mantos subterráneos atribuida, principalmente, a la industria de bebidas, mientras en el actual gobierno se registran ya 15 cortes de agua a la población.
Las organizaciones sociales y ciudadanos exhortaron al Estado a proteger los bienes hídricos ya que la situación del líquido en el país es cada vez más crítica y lo acerca al borde del estrés hídrico.
Uno de los participantes en la conmemoración, fray Edison Zamora, vocero de Caminata Ecológica, dijo que el estrés hídrico obedece, en gran medida, al agotamiento de las fuentes subterráneas y a la contaminación de las superficiales, entre ellas el 95 por ciento de ríos y quebradas.
El activista argumentó que el río Lempa atraviesa un acelerado proceso de deterioro, pese a su relevancia estratégica para el país.
La muerte del ya agonizante río Lempa podría acelerarse con la eventual reactivación de proyectos mineros en la zona norte del país, denunció.
“No podemos permitir que su deterioro continúe y que El Salvador se convierta en un país sin agua” , señaló Zamora al hacer un llamado a la conciencia y a la movilización para preservar la vida, y la riqueza del “oro azul”.



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