Reflexión: “Amigo Romero, tengo sed y hambre”
Amigo Óscar Romero,
tengo sed. Sed de justicia en una tierra donde la verdad se compra y se vende.
Tengo hambre. Hambre de dignidad para mi pueblo herido.
Tú gritaste cuando otros callaban. Señalaste el pecado estructural sin miedo. No hablaste de un cielo barato, hablaste del Dios que escucha el clamor del pobre. Por eso te callaron. Pero no pudieron apagar tu voz.
Hoy la sed no es solo mía. Es la del campesino olvidado, la de la madre que busca pan, la del joven que no encuentra futuro. Es la sed de un país que se desangra entre corrupción y cinismo.
Y el hambre no es solo de comida. Es hambre de verdad, de coherencia, de una Iglesia que no negocie el Evangelio. Hambre de pastores que huelan a pueblo y no a poder.
Romero, amigo y hermano, enséñanos a no domesticar la fe. A no bendecir la injusticia. A no callar cuando el pobre es crucificado otra vez.
Tengo sed y hambre.
Y sé que esa sed es el Espíritu empujándonos.
Sé que esa hambre es Dios diciendo: levántense.
Pd. DOUGLAS Calderón Morillas
Chimbote Perú
ICAC
F. DIC. 2025



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