“La verdad cuando se manipula se transforma en cultura”
Rodolfo Altamirano
(Filósofo y Teólogo)

. Introducción: ¿Por qué volver a la Teología de la Liberación hoy?
No estamos viviendo solo una crisis económica o política. Estamos viviendo una crisis de humanidad.
En toda Latinoamérica vemos el mismo fenómeno: el ascenso de discursos que prometen orden a través del odio, libertad a través de la exclusión, y prosperidad a través de la crueldad. Y lo más doloroso: esos discursos muchas veces vienen envueltos en Biblias, rosarios y crucifijos.
Por eso necesitamos volver a preguntarnos: ¿dónde está Cristo? ¿En el altar blindado o en la calle?
La Teología de la Liberación, nacida en Medellín 1968, con Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, Ellacuria, Casaldaliga, Jon Sobrino y tantos mártires como Romero, Angelelli, nos enseñó una idea central que hoy es revolucionaria: Dios hace una opción preferencial por los pobres. No es neutral.
2. El contexto: ¿Por qué crece la ultraderecha en un continente cristiano?
La ultraderecha actual no es la derecha clásica. Tiene tres rasgos nuevos en Latinoamérica:
- Usa a Dios como marca, no como camino.
No predica el Evangelio, lo usa como identidad cultural contra un enemigo: “Dios, Patria y Familia” para dividir entre puros e impuros. Es el fariseísmo del siglo XXI.
- Reemplaza la comunidad por el individuo.
Su teología es la del prosperity gospel, del emprendedor bendecido. Si sos pobre, es porque no te esforzaste. Se olvida de Mateo 25: “Tuve hambre y me diste de comer”. El pobre ya no es sujeto de liberación, es culpable de su pobreza.
- Ofrece certezas simples a un dolor complejo.
Ante el narcotráfico, la inflación, la inseguridad, dice: más mano dura, más mercado, menos Estado, menos derechos. Es un discurso que deshumaniza para tranquilizar.
Y ahí las iglesias cristianas entramos en un peligroso cruce.
3. La relación peligrosa: cristianismo y ultraderecha
Tenemos que ser honestos. Hay sectores de nuestras iglesias católicas y evangélicas que han hecho alianza con la ultraderecha. ¿Por qué?
1. Por miedo al cambio cultural. Frente a la agenda de género, la diversidad, se busca un refugio autoritario que “restaure el orden”.
2. Por estructura eclesial verticalista. Donde la fe se vive como obediencia y no como discernimiento, el autoritarismo político se siente familiar.
3. Por financiamiento y poder. Muchas mega-iglesias encontraron en la política de ultraderecha una forma de acceder al Estado.
El resultado es una inversión teológica: se predica un Cristo sin cruz, sin pobres, sin conflicto. Un Cristo gerente. Un Cristo gendarme. Como decía Don Hélder Câmara: “Cuando alimento a los pobres me llaman santo, cuando pregunto por qué son pobres me llaman comunista”.
4. ¿Cuál es el peligro que nos acecha como cristianos?
El peligro no es perder una elección. Es perder el alma del Evangelio. Son tres:
- La idolatría política.
Cuando confundimos la fe con un partido, dejamos de ser profetas y nos volvemos capellanes del poder. Bendecimos lo que deberíamos denunciar.
- La deshumanización sacramentalizada.
Lo más grave de la ultraderecha no es lo económico, es que nos enseña a no conmovernos. A llamar “vago” al desocupado, “terrorista” al mapuche, “ideología” al hambre. Cuando un cristiano deja de ver a Cristo en el otro, ya no es cristiano, aunque vaya a misa todos los domingos.
- La pérdida de la memoria martirial.
Olvidar que nuestro continente está regado con sangre de cristianos asesinados por defender a los pobres. Si olvidamos a Angelelli, a Romero, los palotinos, los mártires riojanos, Padre Mujica, las Hermanas de la Caridad, cualquier discurso de odio nos va a parecer “sentido común”.
- Los desafíos: ¿Qué nos pide el Evangelio hoy?
Frente a esto, la Teología de la Liberación no es un recuerdo, es una tarea. Te propongo cuatro desafíos:
- Volver a leer la Biblia desde abajo.
No desde el Poder, sino desde la olla popular, desde la villa, desde el campesino sin tierra. Jesús no nació en un palacio, nació en la periferia. Esa es nuestra hermenéutica.
- Desprivatizar la fe.
La fe no es solo “mi relación con Dios”. Es comunitaria y es pública. No partidaria, pero sí política. Porque amar al prójimo es organizarse para que no lo desaloje nadie.
- Reconstruir comunidad frente al individualismo.
La ultraderecha vende salvación individual. Nosotros debemos ofrecer comunidad real: cooperativas, bibliotecas populares, círculos bíblicos, merenderos que no sean asistencialismo sino fraternidad. Donde hay comunidad, no entra el fascismo.
- Recuperar la ternura como acto subversivo.
En tiempos de crueldad planificada, ser tierno es revolucionario. Decir “buen día”, escuchar, abrazar. Como decía el Padre Carlos Mujica: “No se puede ser cristiano y no ser revolucionario”. Revolucionario en el sentido de volver a poner al ser humano en el centro.
Quiero cerrar en este punto con esta frase,
“La verdad cuando se manipula se transforma en cultura”.
La ultraderecha manipuló la verdad de Dios y la transformó en cultura del odio.
Nuestro desafío como teólogos de la Liberación no es discutir si Dios existe. Es demostrar con nuestra vida dónde está Dios. Y Dios sigue estando donde siempre estuvo: en el pobre, en el perseguido, en el que incomoda.
La Teología de la Liberación nos recuerda que la Resurrección no fue un acto privado. Fue la victoria de la vida sobre un Imperio que creía que matando se terminaba todo.
Y no se terminó. Alguna vez dijo Ernesto “Che” Guevara: “Ha llegado la Hora que ya no para” y todos nosotros vivimos en esta Hora Liberadora.

Apéndice
Mc. 9,2-8. La resistencia a la ultraderecha necesita un Amor Político transfigurado en la vocación Profética y Revolucionaria. Pero también misionera dónde podamos convocar a jóvenes a este espacio que es ya es un espacio de resistencia teológica y praxis por la Libre Vida. Es urgente. Invitar a los jóvenes. ¡Así como Jesús invitó a tres jóvenes! (Mc. 8,2-8)
Para que pudieran experimentar el valor del Profeta y el Revolucionario. ¡Es Urgente!
Escrito por: Rodolfo Altamirano/ filósofo y teólogo / para sentirconelpueblo.com



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