Reflexión de Cuaresma en América Latina
La Cuaresma en América Latina no puede ser un rito vacío ni una ceniza en la frente sin conversión en la vida. Aquí la cruz no es símbolo decorativo: es hambre, violencia, corrupción, pueblos originarios desplazados, mujeres golpeadas, jóvenes sin futuro.
Convertirse, en nuestra tierra, significa cambiar de rumbo social, no solo moral. Significa pasar del egoísmo estructural a la solidaridad concreta. Significa dejar de bendecir sistemas que crucifican al pobre y empezar a bajarlo de la cruz.
Jesús no hizo una Cuaresma intimista. Caminó hacia Jerusalén denunciando el poder religioso y político que oprimía. Recordar a Óscar Romero en este tiempo es inevitable: ayunar no es dejar de comer, es dejar de ser indiferente. Orar no es repetir palabras, es escuchar el clamor del pueblo. Dar limosna no es sobrar, es compartir hasta que duela.

Nuestra Cuaresma debe oler a barrio, a comunidad, a lucha organizada. Debe tener rostro indígena, afrodescendiente, campesino, migrante. Si no toca la realidad, no es conversión; es maquillaje religioso.
Cuarenta días para preguntarnos:
¿De qué lado estamos?
¿Del templo cómodo o del pueblo crucificado?
La Pascua no llega sin atravesar el conflicto. Y en América Latina, seguir a Cristo es tomar partido.
Pd. Douglas. ICAC



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