La figura profética y liberadora de Monseñor Óscar Arnulfo Romero urge ser recuperada en El Salvador, especialmente por su dimensión política ” subversiva ” y su teología liberadora, para aplicarla a nivel personal, eclesial y social en un escenario de sufrimiento a causa del pecado estructural.
Su legado, marcado por la denuncia de la injusticia, violaciones a los derechos humanos, y la promoción de la justicia social, sigue teniendo vigencia y es relevante en la actualidad, especialmente en un contexto de desigualdad, pobreza, desempleo, violencia institucionalizada y conflictos sociales.
San Romero encarnó una teología liberadora que lo llevó a tomar una opción preferencial por los pobres, oprimidos y marginados, a quienes consideraba los verdaderos sujetos de la historia. Su mensaje hoy nos invita y nos llama a una reflexión crítica sobre las estructuras sociales y a la búsqueda de alternativas para construir una sociedad más justa para los pobres.

Romero fue un pastor que se identificó con el sufrimiento de su pueblo, especialmente con los campesinos, obreros y trabajadores víctimas de la violencia y la represión. Su figura motiva a la solidaridad con los más vulnerables y a la construcción de una iglesia más cercana a las necesidades de la gente, esa gente a la que Dios y San Romero amó hasta ofrendar la vida.
Romero no se limitó a la denuncia, sino que también promovió la participación ciudadana y la búsqueda de soluciones políticas a los problemas sociales. Su valioso e incomparable ejemplo invita a la construcción de una sociedad más justa y democrática, dónde se respeten los derechos humanos, se promueva la paz y se promocione la justicia social.
Monseñor Óscar Arnulfo Romero es un faro de esperanza y un llamado a la justicia y a la solidaridad, además nos invita a la reflexión, al compromiso con los más necesitados y a la construcción de una sociedad más justa y fraterna.
Por : Alberto Colorado



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