CARTA POR NAVIDAD
Querida comunidad, queridos hermanos y hermanas:
En esta Navidad queremos detenernos un momento y mirarnos a los
ojos.
Porque Navidad no es una fecha, ni un adorno, ni un consumo
acelerado.
Navidad es un encuentro.
Es Dios haciéndose cercano, haciéndose uno con nosotros,
haciéndose comunidad.
Este año hemos caminado juntos entre alegrías y cansancios, entre
luchas y esperanzas.
Y en cada paso, aunque a veces no lo notamos, Dios vino
caminando con nosotros:
en la mano que nos sostuvo,
en el abrazo que nos levantó,
en la palabra que nos animó cuando sentimos que ya no podíamos
más.
Hoy queremos celebrar esta Navidad desde abajo, desde donde
siempre nace Dios:
en la sencillez,
en lo humilde,
en lo pequeño,
en lo que se comparte con amor aunque sea poco.
Porque el pesebre nos enseña que la presencia de Dios no está en el
lujo,
sino en la fraternidad;
no en los grandes templos,
sino en los hogares que buscan justicia;
no en los palacios,
sino en las casas donde se lucha por la vida cada día.
Por eso, como comunidad, pedimos esta Navidad:
Que Nazca Jesús
en nuestras mesas, cuando la comida se multiplica al compartirla;
en nuestras manos, cuando las extendemos para levantar al que
cae; en nuestros silencios, cuando sabemos escuchar al que sufre;
en nuestra organización, cuando defendemos juntos la dignidad del
pueblo;
en nuestras calles, cuando nos hacemos prójimos de quienes más
necesitan.
Que Nazca Jesús
en cada mujer que sostiene la casa y la esperanza,
en cada joven que busca su camino con valentía,
en cada adulto que resiste con dignidad,
en cada anciano que guarda la memoria de la comunidad.
Que esta Navidad sea para nosotros
una escuela de ternura,
un taller de justicia,
y un taller de paz activa.
Que sea una Navidad que abra los ojos,
que renueve las fuerzas,
que encienda el corazón y las manos para seguir caminando.
Queridos hermanos y hermanas:
que en esta Navidad volvamos a creer en lo que somos cuando
estamos juntos.
Porque el Reino que Jesús anunció
es una comunidad viva, concreta, solidaria,
donde nadie sobra y todos cuentan.
Desde esta pequeña casa que somos,
nos abrazamos en fe, esperanza y compromiso.
Que el Dios del pesebre —el Dios pobre, cercano y liberador—
nazca entre nosotros y haga brillar nuestra comunidad
como un signo humilde, pero verdadero, del Reino que viene.
Con cariño, con confianza,
y con la alegría de sabernos un solo pueblo,
feliz Navidad, comunidad querida.
PRESB. Douglas Calderón Morillas.
Comunidad Ecuménica.
Misión: PAN DE VIDA.
AH Jesús de Nazaret, Chimbote, PERU



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