¿De qué Lado Estaría Hoy San Óscar Romero?
“Distingamos siempre esto: cuando decimos el pueblo de Dios no aludimos al pueblo en general. Es una pretensión de los grupos humanos quererse constituir en intérpretes del pueblo. El pueblo es muy autónomo, muy variado, muy pluriforme. Nadie puede arrogarse: ‘Yo soy la voz del Pueblo’”.
El 8 de julio de 1979, el entonces arzobispo de San Salvador expresó en su homilía dominical: “(…) La Iglesia, en su afán de conversión al Evangelio, está viendo que su papel está al lado de los pobres, del atropellado, del marginado, y en nombre de él tiene que hablar, y por él tiene que reclamar…”.
No cuesta imaginar, pues, de qué lado estaría hoy nuestro santo si tuviera que elegir entre las víctimas inocentes de un régimen de excepción y la popularidad de semejante medida represiva. De hecho, en esa misma ocasión, al referirse a la misión de decir la verdad aunque fuera impopular, monseñor Romero dijo: “Es terrible la misión del profeta; tiene que hablar aunque sepa que no le van a hacer caso. Si no le hacen caso, se perderán por su culpa, pero el profeta salvó su responsabilidad”.
El 1 de diciembre de 1977, destacando el heroísmo de la madre de los Macabeos en una misa para las familias de quienes estaban siendo perseguidos, encarcelados o desaparecidos, Monseñor hizo una interpretación muy actual: “La presencia de aquella mujer frente al tirano era una denuncia. Su misma presencia de madre exhortando a sus hijos a morir antes que traicionar su devoción a Dios es una presencia que está clamando contra todos aquellos que quieren arrebatar los derechos de Dios y constituirse dioses de la tierra, señores de la vida de los hombres. Nadie como una madre puede comprender lo que vale un hombre, cuando ese hombre, sobre todo, es su propio hijo: ‘¿Por qué me lo torturan? ¿Por qué me lo desaparecen?’ Y la presencia de una madre que llora a un desaparecido, es una presencia-denuncia; es una presencia que clama al cielo”.
“Y esto no es política”, aclara san Óscar Romero más adelante, “esto es la voz de la justicia, esto es la voz del amor, esto es el grito que la Iglesia recoge de tantas esposas, madres, hogares desamparados, para decir: ‘(…) ¡Que vuelvan esos hijos donde los reclama el derecho de Dios, la ley del Señor!’ Es el grito contra el pecado. Y esto es lo que está haciendo la Iglesia, gritando contra el pecado que se entroniza en la historia, en la vida de la Patria…”.
Nuestro recordado arzobispo lo tenía clarísimo. “Predicación que no denuncia el pecado no es predicación del evangelio”, dijo en la homilía del 22 de enero de 1978, “predicación que contenta al pecador para que se afiance en su situación de pecado está traicionando el llamamiento del Evangelio… Naturalmente, hermanos, que una predicación así tiene que encontrar conflicto, tiene que perder prestigios mal entendidos, tiene que molestar, tiene que ser perseguida. No puede estar bien con los poderes de las tinieblas y del pecado”.
En el cuarto domingo de Pascua, el 16 de abril de 1978, Monseñor estaba celebrando la eucaristía en la iglesia El Rosario –la Catedral estaba ocupada por campesinos–, y tomando el ejemplo de “Cristo, Buen Pastor”, expresó: “Eso quiere la Iglesia: inquietar las conciencias… Una Iglesia que no provoca crisis, un Evangelio que no inquieta, una palabra de Dios que no levanta roncha –como decimos vulgarmente–, una palabra de Dios que no toca el pecado concreto de la sociedad en que está anunciándose, ¿qué evangelio es ese? Consideraciones piadosas muy bonitas que no molestan a nadie… Y así quisieran muchos que fuera la predicación. Y aquellos predicadores que por no molestarse, por no tener conflictos y dificultades evitan toda cosa espinosa no iluminan la realidad en que se vive, no tienen el valor de Pedro “.
Volviendo a aquella homilía del 8 de julio de 1979, reflexionemos lo que decía nuestro obispo mártir : ” Distingamos siembre esto: cuando decimos el pueblo de Dios no aludimos al pueblo en general. Es una pretensión de grupos humanos quererse constituir en interpretes del pueblo . El pueblo es muy autónomo, muy variado, muy pluriforme. Nadie puede arrogarse: ” Yo soy la voz del Pueblo “.
¿ De qué lado estaría hoy San Óscar Arnulfo Romero? ¿ Del poderoso, del popular, del que tiene el aparato de propaganda,del
millonario de la historia salvadoreña? ¿O estaría del lado de las víctimas inocentes, de los perseguidos por sus ideas, de los acosados por el insulto viral, de los que no tienen a nadie que les defienda? ¿ Por quién levantaría hoy su voz aquella vibrante, valiente, aguerrida ” Voz de los sin voz”?
” El que tenga oídos para oír, que oiga” ( San Marcos, 4: 9).
Escrito por : Federico Hernández Aguilar
Escritor y columnista LPG



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