“EL CLAMOR DE LA TIERRA Y EL LLANTO DE LOS POBRES”
La humanidad herida y la tierra enferma, al unísono elevan su canto desgarrador al Dios de la Creación para sanar las heridas de la humanidad y del planeta que se está apagando cada día que pasa por la la increíble destrucción del medio ambiente a nivel mundial.
El grito de la tierra nos es diferente al grito de la humanidad. El papa Francisco hace unos años nos recordaba en su encíclica ” Laudato Si ” : ” No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio- ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y al mismo tiempo, para cuidar la naturaleza ” ( Laudato Si 139 ).
En su encíclica, el papa Francisco llama a la Iglesia, a los responsables nacionales de la toma de decisiones y a todas las personas de buena voluntad a reconocer la urgencia de nuestro desafío medioambiental, y a recordar que las zonas más pobres del mundo son particularmente vulnerables a la degradación ambiental y sus poblaciones son las más afectadas por sus efectos.
Ante la envergadura del desafío de sostenibilidad, las diversas organizaciones en defensa de la naturaleza ( JPIC, Caritas, Manos Unidas y organismos ambientalistas…) nos instan a tomar conciencia de algunos de los mayores problemas sociales y medioambientales de nuestro planeta a los que nos enfrentamos- la contaminación generalizada, el cambio climático, la migración, la inseguridad alimentaria, la pobreza y la desigualdad, y la excesiva dependencia de los cambios tecnológicos- para encontrar soluciones eficaces y urgentes.
El progreso hacia una vida sostenible en la tierra para todos y cada uno de nosotros requiere estilos de vida sobrios, junto con un cambio de comportamientos tanto individuales como colectivos y una radical transformación de estructuras a gran escala. La labor de toda la red internacional de movimientos en defensa de la naturaleza en muchas naciones y comunidades locales de todo el mundo dan testimonio de que es posible impulsar cambios positivos a escala micro, y de estos cambios a nivel local, se puede llevar a soluciones que a largo plazo puedan mejorar la habitabilidad de nuestro planeta.
Los sistemas económicos vigentes y los comportamientos humanos han mirado egoistamente a sus propios intereses, a buscar soluciones parciales que benefician a un grupo reducido de personas. Las propuestas de solución son tan escasas que nos da la sensación de que estamos fallando tanto al planeta como a los excluidos y pobres.
Si dejamos a un lado los males que contaminan nuestras relaciones humanas ( individualismo e indiferencia de las dos enfermedades que enferman actualmente a nuestra sociedad) y nos dejamos curar por la fuerza sanadora de Cristo, es lograr una verdadera transformación, que realmente escuche el clamor de la tierra y de los más pobres.
La voz profética del papa Francisco hace años nos invita a todos los hombres de buena voluntad a vivir el Evangelio protegiendo y curando la Creación.



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