Ser obispo es ser del pueblo
Ser obispo no es ocupar un trono, sino caminar con el pueblo. No es buscar privilegios, sino cargar con el dolor, las esperanzas y las luchas de quienes más sufren.
El obispo, siguiendo el ejemplo de Jesús, debe tener “olor a oveja”: escuchar antes que imponer, servir antes que mandar, acompañar antes que juzgar. Su autoridad nace del servicio y su credibilidad de una vida sencilla, cercana y transparente.
Un obispo del pueblo abre las puertas de la Iglesia a los pobres, a los olvidados, a los trabajadores, a los campesinos, a los migrantes, a los enfermos y a todos los que buscan consuelo y justicia. No teme denunciar la corrupción, la violencia ni toda forma de opresión, porque el Evangelio no puede permanecer en silencio frente a la injusticia.

Ser obispo es ser pastor, hermano y servidor. Es caminar con el pueblo hacia el Reino de Dios, donde la dignidad, la paz y la justicia sean una realidad para todos.
Escrito por : Pbro. Douglas Calderón Morillas / Iglesia Cristina Apostólica Católica / ICAC. Perú



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