El “Sensus Fidelium”
Me tienen cansado toda lo bola de hipócritas y polítiqueros , que no saben más que vivir cómodamente , con lujos y sin vivir realmente los lineamientos que , ellos mismos a veces se jactan en decir , con dos mil años , la iglesia es sabia. Si , me refiero a esos padrecitos, curitas , párrocos , jueces de la curia , solapados por obispos o como en Puebla, arzobispos aferrados al poder , al dinero , no soltarlo . “Hipócritas , raza de víboras , sepulcros blanqueados “ Para utilizar el mismo argumento de que la Iglesia es sabia:
El Concilio Vaticano II (1962-1965) marcó un antes y un después en la forma en que la Iglesia se entiende a sí misma y su relación con el mundo. Aunque el Concilio no utilizó el término exacto “opción preferencial por los pobres” —el cual nació formalmente unos años después, en 1968, durante la Conferencia de los Obispos Latinoamericanos en Medellín, Colombia—, el espíritu, la teología y los textos del Vaticano II sentaron por completo las bases de ese principio.
En el Concilio sí hay documentos y párrafos específicos muy potentes que abordan este tema. La idea central que recorre el Vaticano II es que la Iglesia debe reflejar a su fundador, y como Jesús nació, vivió y predicó desde la pobreza, la Iglesia tiene la obligación moral de poner a los más vulnerables en el centro de su misión.
Aquí están los textos y constituciones específicos donde se fundamenta esta decisión por los pobres:
- Lumen Gentium (Constitución Dogmática sobre la Iglesia)
Este es el documento que define qué es la Iglesia. En su número 8, el Concilio hace una analogía directa entre Cristo y la Iglesia, dejando claro que la comunidad de creyentes debe seguir el mismo camino de desprendimiento:
“Así como Cristo realizó la obra de la redención en la pobreza y en la persecución, así la Iglesia es llamada a seguir el mismo camino para comunicar a los hombres los frutos de la salvación… La Iglesia abraza con amor a todos los afligidos por la debilidad humana, más aún, reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, se esmera en aliviar sus necesidades y pretende servir en ellos a Cristo”.
El punto clave: Aquí el Concilio establece que atender al pobre no es una labor de asistencia social “opcional”, sino una cuestión de identidad: ver al pobre es ver a Cristo.
- Gaudium et Spes (Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual)
Este es el gran documento social del Concilio, el cual analiza la economía, la política y la cultura. Es el texto que más directamente nutre a la Doctrina Social de la Iglesia moderna.
El inicio histórico (GS 1): El documento arranca con una de las frases más famosas del Concilio, que vincula la suerte de la Iglesia a la de los que sufren:
“Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los discípulos de Cristo”.
La economía al servicio del hombre (GS 63 a 72): Dedica todo un capítulo a la vida económico-social. Afirma con contundencia que el crecimiento económico no puede darse a costa de la marginación de las mayorías.
El destino universal de los bienes (GS 69): Retoma un principio antiguo pero con una fuerza renovada: la propiedad privada tiene una función social. Si alguien se está muriendo de hambre, tiene derecho a tomar lo que necesita de la riqueza sobrante de otros. Dice textualmente:
“El hombre, al usar de los bienes, no debe considerar las cosas legítimamente poseídas como exclusivamente suyas, sino también como comunes… Por tanto, el hombre que se halla en necesidad extrema tiene derecho a procurarse lo necesario de las riquezas ajenas”.
- Apostolicam Actuositatem (Decreto sobre el apostolado de los laicos)
En el número 8 de este decreto, el Concilio se dirige a todos los bautizados (no solo a los sacerdotes o monjas) y les recuerda que el amor al prójimo se demuestra de manera prioritaria con los necesitados:
“Dondequiera que haya hombres que carecen de comida, de bebida, de vestido, de hogar, de medicinas, de trabajo, de instrucción, de los medios necesarios para llevar una vida verdaderamente humana… allí debe buscarles y encontrarles la caridad cristiana, consolarles con diligente cuidado y ayudarles con el socorro prestado”.
Un pacto histórico “secreto”: El Pacto de las Catacumbas
Aunque no es un texto oficial aprobado en el aula conciliar por todos los obispos, hay un tratado íntimamente ligado al Vaticano II que responde exactamente a tu pregunta sobre si “la decisión siempre deben ser los pobres”.
El 16 de noviembre de 1965, unos días antes de que concluyera el Concilio, cerca de 40 obispos (muchos de ellos latinoamericanos) se reunieron en las Catacumbas de Santa Domitila en Roma. Allí celebraron la Eucaristía y firmaron un documento de 13 puntos conocido como El Pacto de las Catacumbas.
En ese tratado, los obispos se comprometieron a:
Vivir en pobreza material (renunciar a palacios, autos de lujo y títulos honoríficos).
Gobernar sus diócesis poniendo “en el centro de su pastoral a los socialmente desfavorecidos, a los débiles y a los pobres”.
Este texto subterráneo y profético se convirtió en el motor que, años más tarde, en su momento germinal, Juan Pablo II, Francisco con su llamado a “una Iglesia pobre y para los pobres”, y hoy León XIV en Magnifica Humanitas, han mantenido como el corazón de la justicia social católica: la certeza de que el termómetro moral de una sociedad —y de la propia Iglesia— se mide por cómo trata a los más vulnerables.
Esta tensión que describo es real, profunda y suele causar mucha frustración a los laicos (los católicos que no pertenecen al clero). Es el choque entre los documentos oficiales del Vaticano —que suenan proféticos, solidarios y comprometidos— y la realidad de algunas parroquias o diócesis donde se prioriza la burocracia, las alianzas con sectores de poder económico o la simple comodidad.
A nivel de Derecho Canónico (las leyes internas de la Iglesia) y teología, un laico no solo tiene el derecho, sino a veces el deber, de manifestar sus inquietudes. La Iglesia no es una dictadura absoluta; tiene mecanismos para hacer ver estas fallas, aunque el camino requiere tanta firmeza como prudencia.
Aquí te explico cómo funciona la estructura legal de la Iglesia para estos casos y cómo se puede actuar frente a pastores que ignoran la opción preferencial por los pobres.
- El Fundamento Legal: El Código de Derecho Canónico
Muchos católicos desconocen que la ley de la Iglesia los respalda. El Canon 212 (§3) es la herramienta legal de los laicos por excelencia. Dice textualmente que los fieles:
“…tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los Pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia…”
Esto significa que exigir que se cumpla la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) no es un acto de rebeldía o “desobediencia”; es el ejercicio de un derecho legítimo para proteger el bien de la comunidad.
- La Ruta de Acción: ¿Cómo se les hace ver o se les denuncia?
La Iglesia opera bajo un principio estricto de jerarquía y territorialidad. Para “acusar” o corregir la falta de compromiso social, se debe seguir la cadena de responsabilidad:
Nivel 1: El Párroco (El sacerdote local)
Si el párroco ignora a los necesitados, privatiza la pastoral o se alía exclusivamente con los sectores más ricos de la comunidad:
La corrección fraterna (Mateo 18,15): El Consejo Parroquial de Laicos o un grupo de fieles comprometidos debe solicitar una reunión formal. El argumento no debe ser una opinión política personal, sino los textos: confrontar la realidad de la parroquia con Gaudium et Spes, Fratelli tutti o la reciente Magnifica Humanitas.
Acción por omisión: Si el párroco no abre espacios para los pobres, los laicos tienen la autonomía (respaldada por el Concilio Vaticano II) de fundar e impulsar la pastoral social parroquial, Cáritas local o comedores comunitarios, obligando al párroco a implicarse o, al menos, a no estorbar.
Nivel 2: El Obispo o Arzobispo (El líder de la Diócesis)
Si el párroco rechaza las peticiones, o si es el propio Obispo quien muestra un estilo de vida opulento y alejado de los vulnerables:
El recurso formal: Se envía una carta formal (un “recurso”) a la Curia Diocesana, dirigida al Obispo o al Vicario Episcopal de Pastoral. En ella se documenta con hechos la negligencia social o el abandono de las periferias de la diócesis.
Cartas colectivas: Las firmas de comunidades eclesiales de base, movimientos laicales y movimientos de trabajadores tienen un peso teológico y político fuerte que los obispos prefieren no ignorar para evitar fracturas en su territorio.
Nivel 3: Los Cardenales y el Vaticano (La Santa Sede)
Cuando el problema es generalizado en una diócesis o involucra a un Arzobispo o Cardenal que contradice activamente la DSI:
La Nunciatura Apostólica: El Nuncio es el embajador del Papa en cada país. Es la ventanilla oficial para hacer llegar quejas directas al Vaticano. Si un obispo está traicionando la línea pastoral de los pobres dictada por Roma, el Nuncio es el encargado de investigar y reportarlo a la Congregación para los Obispos.
Las Visitas Ad Limina: Cada cinco años, los obispos de un país van al Vaticano a rendir cuentas ante el Papa. Los informes que los laicos envían a Roma previamente son revisados en los dicasterios y sirven para que el Papa cuestione directamente a esos obispos sobre su gestión social.
- ¿Cómo argumentar? Las “armas” teóricas del laico
Para hacer ver la contradicción a un clérigo, el laico debe desmontar las excusas comunes utilizando la misma doctrina de la Iglesia:
Padrecito y señora piadosa lamebolas del padrecito:
“La Iglesia no es una ONG de beneficencia, nos encargamos de las almas.”
“Atender a los pobres es un asunto político o de ideologías.”
“La Iglesia necesita recursos de los poderosos para mantenerse.”
San Juan Pablo II (Sollicitudo Rei Socialis): El desarrollo debe ser integral. No se puede salvar el alma de un hombre descuidando el hambre, la falta de trabajo o la opresión que destruyen su cuerpo y su dignidad.
Benedicto XVI (Caritas in veritate): La justicia social no es política de partidos, es un requisito intrínseco del amor cristiano (la Caridad). Quien reduce la opción por los pobres a una “ideología” está vaciando el Evangelio.
Papa Francisco y Vaticano II: Los bienes de la Iglesia tienen como fin principal el culto y el sustento de los pobres. Una Iglesia que transige con la injusticia para mantener privilegios materiales pierde su autoridad moral.
El verdadero contrapeso: El “Sensus Fidelium”
Hay un concepto del Vaticano II llamado el Sensus Fidelium (el sentido de la fe de los fieles). Afirma que el Espíritu Santo no solo inspira a los obispos, sino a todo el pueblo de Dios.
Cuando los laicos estudian la DSI, se organizan en los márgenes de la estructura clerical y comienzan a actuar de forma independiente —creando redes de comercio justo, cooperativas, defensa de derechos humanos o comedores—, generan una presión ambiental insostenible para el clero aburguesado. Históricamente, los grandes cambios sociales en la Iglesia no han empezado desde los palacios episcopales, sino desde la base laical que decidió tomarse en serio el Evangelio.
Escrito por : David Enrique



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