7 ENSAYOS PARA UN CONCILIO VIVO EN EL PERÚ
Celebración del Vaticano II – 11 de octubre – desde José Carlos Mariátegui
Día en que alboreó el Concilio. Día en que en Perú el obrero toma su combi y la campesina su atado. No es casual.
Juan XXIII dijo: “mirar a lo presente, a las nuevas condiciones y formas de vida”. Mariátegui dijo: “No queremos que el socialismo sea calco y copia”. Ambos dicen lo mismo: la verdad no se trasplanta, se encarna. El Concilio se hizo carne en Perú cuando dejó de ser documento de Roma y se hizo problema peruano.
Ensayemos, pues, a la manera de Mariátegui:
- Esquema de la evolución económica y el Concilio.
Vaticano II habló de Gaudium et Spes, de la Iglesia en el mundo moderno. En Perú 2026, el mundo moderno es la mina que contamina y el litio que se disputa. El Concilio no puede celebrarse con incienso solo. Si la Iglesia no habla de economía extractiva, de informalidad del 70%, de corrupción como sistema, repite la condena que Juan XXIII quiso evitar. La “medicina de la misericordia” hoy es auditoría, es decirle no al dinero sucio en la sacristía. - El problema del indio y el problema de la Iglesia.
Mariátegui dijo: el problema del indio es el problema de la tierra. Medellín lo tradujo: opción por los pobres. Hoy 2026, el indio es el awajún, el quechua de Espinar. El Sínodo Amazónico de 2019 fue el Medellín II. Celebrar Vaticano II en Perú sin rostro amazónico es traición. No hay inculturación sin tierra titulada. La liturgia en quechua que nos dio el Concilio queda vacía si el que la reza no tiene agua. - El problema de la tierra.
Juan XXIII habla del “sagrado depósito”. En Perú el depósito sagrado es también la tierra. Vaticano II le pide pobreza a la Iglesia. Mariátegui le pide coherencia. Celebración hoy es preguntar: ¿de qué lado están nuestras parroquias cuando hay conflicto por el agua en Cajamarca? - El proceso de la instrucción pública.
Vaticano II dio Gravissimum Educationis. Perú 2026 tiene 60% de comprensión lectora. Mariátegui criticaba la educación gamonal. Hoy la Iglesia tiene colegios privados caros y también Fe y Alegría. Celebrar el Concilio es optar: ¿educamos para el mercado o educamos para la ciudadanía que Juan XXIII soñó, “hombres que vuelvan su espíritu hacia las cosas celestiales” pero con los pies en la tierra? - El factor religioso.
Este es el centro. Mariátegui vio que el catolicismo llegó con la Conquista como legitimador. Vaticano II rompe eso: ya no es Cristiandad, es Pueblo de Dios. En Perú hoy hay 3 Iglesias: la de los santuarios tradicionales, la de las sectas que ocupan el vacío, y la de las comunidades que resisten. El Concilio vive solo en la tercera. La que entendió que “Iglesia, madre amable de todos” no es frase bonita, es dejar de ser aliada del poder y ser aliada del pueblo. - Regionalismo y centralismo.
Mariátegui denunció Lima contra el país. La Iglesia peruana aún es limeñocéntrica. Vaticano II habló de colegialidad episcopal. Medellín habló de Iglesia local. Hoy la sinodalidad que impulsó Francisco y continúa León XIV es justamente eso: que el vicariato de Jaén, de Pucallpa, de Juli, tenga voz. Celebrar el Concilio es descentralizar. No se puede celebrar desde San Pedro sin escuchar San Pedro de Cajas. - El proceso de la literatura – y del lenguaje.
Mariátegui cierra con la literatura porque ahí se ve el alma. Juan XXIII dijo: “una cosa es la sustancia y otra la manera de formular su expresión”. Hoy 2026, el Perú habla en TikTok, en meme, en quechua, en shipibo. Si la homilía sigue en lenguaje tridentino, el Concilio no llegó. Celebrarlo es atreverse a hablar como habla el pueblo, cuando grita, ese lenguaje también es teológico.
Y UN OCTAVO ENSAYO QUE MARIÁTEGUI NO ESCRIBIÓ PERO VIVIÓ: EL DE LAS ORGANIZACIONES.
Porque hay una Iglesia que no está en la sacristía y no sale en el organigrama. Está en la calle. Es la fuerza profética de las organizaciones sociales en defensa de los derechos humanos que día a día son signos de vida.
Ahí está la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, las madres de ANFASEP que aún buscan, las rondas campesinas que cuidan el territorio, las ollas comunes que en pandemia alimentaron cuando el Estado no llegó, los colectivos de jóvenes que defienden el agua, las comunidades amazónicas que frenan la tala.
Ellas son hoy el Gaudium et Spes vivo. Son las que practican sin saberlo la medicina de la misericordia de Juan XXIII. No tienen oro ni plata, pero levantan al caído. Son el Pueblo de Dios fuera del templo que le recuerda al templo qué es ser Pueblo de Dios. Si el Concilio dijo que la Iglesia debe leer los signos de los tiempos, estos son los signos. No son ONG, son sacramento de resistencia.
CONCLUSIÓN – 11 de octubre:
No celebremos Vaticano II como efeméride de Roma. Celebrémoslo como lo celebraría Mariátegui: como problema actual.
63 años después de ese 11 de octubre de 1962, en un Perú fragmentado, con un Congreso deslegitimado, con una Iglesia peruana bajo sospecha y a la vez esperanza, el Concilio nos dice lo mismo que al inicio:
Dejen de ser profetas de calamidades. Usen la misericordia como método. Y recuerden que el depósito de la fe no está en la sacristía, está en la calle, donde a cada instante el pueblo ya está trabajando y organizándose para no morir.
Jallalla Concilio. Jallalla Perú.
Carlos Manuel Alejos Lévano.
Callao, 11 de octubre 2026.



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